POLICÍA LOCAL DE TARIFA (Página no oficial)

miércoles, 18 de agosto de 2010

Ocurría antes y sigue pasando hoy, no es cosa de modas: LAS CIRCUNSTANCIAS QUE ENVUELVEN AL ENCUENTRO ARMADO, SIGUEN SIENDO LAS MISMAS A DIA DE HOY…

Por: Ernesto Pérez Vera

Uno de los personajes más famosos de la era del Salvaje Oeste norteamericano, fue, sin duda, Wild Bill Hickok(1). Nuestro personaje, fue conocido por ser Agente de la Ley en varias localidades, aunque cuando consiguió el empleo de Comisario en Albilene, (Kansas) fue cuando obtuvo más fama en la profesión. El Estado de Kansas era un área geográfica muy peligrosa en esa época, quizás, como todas las áreas de la denominada: La Frontera.

Hickok también atesoró fama a través de otros trabajos. Colaboró en el espectáculo internacional de Bufalo Bill,(2) (este espectáculo, en el siglo XIX, era considerado el más grande del mundo) el cual consistía en exhibiciones que demostraban al público, el estilo de vida del Oeste “salvaje”. Así pues, se mostraban, de forma espectacular, (por nativos norteamericanos) los modos y las formas de montar a caballo, lanzamientos de cuchillo, lanzas y flechas. Disparos, muy rápidos y precisos, con armas de fuego (tiro de exhibición) a pie firme y a caballo, eran parte muy importante del show, así como las exhibiciones de desenfunde de revólveres y demás habilidades con el arma en la mano; en fin, todo lo que ya sabemos que configuraba ese estilo de vida.

En esa etapa de su vida, Hickok conoció a Juanita “Calimadad”, con la que, al parecer, tuvo un afer. Se dice que ella, desde entonces, vivió siempre enamorada de nuestro personaje. Como todos saben, Juanita era una excelente tiradora de exhibición, tanto con armas largas como cortas. Por cierto, aunque falleció en el siglo XX, su cuerpo descansa en una tumba junto a W. B. Hichok.

Conductor de diligencias, cazador y explorador del ejército, son otros de los empleos que tuvo nuestro personaje, el cual, era también aficionado al juego y a los duelos, aficiones en las que cosechó sonados triunfos y gran fama.

Precisamente, fue un duelo el 21 de julio de 1865, en Springfield, (Missouri) donde, con total seguridad, nació la fama y la leyenda de Hickok. El mortal encuentro fue contra Davis K. Tutt.

Muy sucintamente, vamos a conocer ese caso. Merece la pena. El motivo fue una deuda económica, si bien, Tutt llevaba tiempo ofendiendo públicamente a Hickok. Cabe destacar que Hickok, aún, no era agente de la Ley. Se dedicaba al juego. Finalmente, las ofensas que recibía nuestro personaje, lo sacaron de sí y se produjo un duelo clásico de la época.

En la plaza principal de Springfield y a 65 metros de distancia, aproximadamente, ambos contrincantes se situaron uno frente al otro. Según testigos presénciales, y otros referenciales, solo se oyó un disparo, pero todos coinciden en que antes del “estampido” Hickok y Tutt, habían desenfundado sus revólveres. La cuestión es que Tutt recibió un disparo en el pecho y Wild Bill no fue alcanzado por proyectil alguno.

La cosa es que, aún sonando un solo disparo, el revólver de Tutt tenía una recámara vacía, solo tenía la vaina en la recámara correspondiente al último disparo. Con total seguridad, Davis Tutt erró el disparo contra su rival. Tutt gozaba de gran fama como tirador de precisión. Se sabe que Hickok apoyó el cañón de su Colt Navy mod.1851 calibre .36 en su antebrazo débil, consiguiendo lo que esperaba: un disparo preciso a una distancia “interesante”. También, es sabido que, por aquella época, usaba, en ocasiones, un revólver Colt Dragon calibre .44 y un S&W nº2 calibre .32

El Coronel y articulista de prensa George Ward Nichols, semanas después del juicio en el que derivó el resultado del duelo, (Hickok fue detenido y procesado, pero declarado inocente por aplicación de Legítima Defensa) inició una serie de entrevistas que fueron publicadas. Ahí, casi con total seguridad, nació el mito.

Según se cuenta, como duelista tuvo grandes éxitos y causó bastantes bajas. Parece ser que él NO solía ser el primero en desenfundar, era muy astuto. Hickok, confiaba tanto en la velocidad de su desenfunde y en su precisión, que esperaba a que su adversario sacara primero el arma, incluso dejaba que efectuara el primer disparo. Con ello conseguía que los siempre curiosos ciudadanos, fueran testigos fieles y ocasionales de que él disparaba en defensa propia, y de ese modo eludía las posibles responsabilidades judiciales.

Tuvo siempre mucha suerte pues sus adversarios, aún siendo los primeros en disparar, siempre fallaban, (quizás les imponía el estar frente a tan mítico personaje y eso les podía hacer perder el control) y antes de que ellos mismos se dieran cuenta…ya habían sido abatidos por los revólveres de Hickok. Merece la pena reseñar que casi siempre portaba dos revólveres.

Cuando trabajó para el ejército, acumuló, tras de sí, un buen número de historias que le otorgaban numerosas bajas en combate contra indios y mexicanos. No todas las bajas que rodeaban a estas leyendas fueron bajas contrastadas, pero desde luego, se sabe que muchas de las cifras fueron reales.

Pues bien, este personaje tan habituado a las armas, en una época en la que, aquel que no fuera el mejor, moría, fue, como antes decía, Comisario en Albilene. Solo ocupó el puesto durante ocho meses y en ese tiempo, parece que abatió, en defensa de la Ley, a muy pocas personas; cuando acabó su contrato como Jefe de Policía, solo había abatido a cinco contrincantes, pero debido a su habilidad en el manejo de las armas, (revólveres) y su velocidad de desenfunde, su reputación y fama ganaban al número de bajas que realmente había causado, alimentándose con ello la leyenda.

Él, presumía de haber matado a más cien hombres a lo largo de su vida, pero a día de hoy y con estudios muy detallados, se cree que en toda su vida no llegó a treinta abatidos confirmados. La prensa del momento y los novelistas, alimentaban la imaginación de sus lectores, atribuyendo a Hickok y a otros “ases” del momento, cientos de muertes. Tanto es así que, a nuestros días nos llegan conceptos equivocados y exagerados de lo que de verdad ocurría en esas violentas ciudades.

Nuestro personaje está en el elenco de las diez personas más mortales de la historia. Existe publicada una obra literaria que lleva por título: Los 10 Hombres más Mortíferos de la Historia, y Hickok está entre ellos.

Parece que el último de los malhechores al que abatió, mientras era Agente de la Ley, se le enfrentó, a solo tres metros de distancia. El 5 de octubre de 1871, según consta, el Comisario le ordenó a un vaquero que tirara sus armas al suelo, (estaba prohibido portar armas en la ciudad) pero el vaquero, lejos de obedecer la legítima orden “policial”, le disparó dos veces. El primero de sus disparos alcanzó el faldón del abrigo de Bill, no causándole heridas, impactando el segundo disparo en el suelo, justo entre los pies de nuestro Comisario. Antes de que hubiera acabado el segundo disparo su atacante, Hickok le disparó, certeramente, dos veces en el vientre, causando graves heridas al vaquero. Pocos días después, como consecuencia de las heridas, falleció el vaquero.

Mientras se producía el enfrentamiento, en el lugar se reunieron un buen número de amigos del “problemático” vaquero, los cuales insultaban y gritaban al Comisario. Parece que eso no le hizo perder, al agente, la concentración durante el enfrentamiento. Pero entre la poca luz del lugar, la tensión, los nervios y el estrés posterior al enfrentamiento, (seguro que él controlaba en parte el estrés, pero la capacidad cognitiva se deteriora siempre) no identificó la sombra de la persona que, revólver en mano, se le aproximaba por uno de sus laterales, y abatió, de dos rápidos disparos, a la persona que daba forma a esa sombra.

Lamentablemente, el segundo de los abatidos, de esa noche, era uno de sus mejores amigos. Ese amigo, el agente de La Ley Mike Willians, solo trataba de llagar hasta Hickok para alejarlo del lugar y darle protección y seguridad mientras abandonaban el escenario del encuentro armado. Desde ese día, Hickok no fue el mismo.

Wild Bill Hickok no fue el que más contrincantes mató, no fue el que más enfrentamientos mantuvo en esa época. Él, solo fue uno más. Pero he querido usarlo como ejemplo porque es un personaje conocido por todos, no solo por su faceta de hombre de armas y de la ley, sino por otras facetas, sobre todo la de colaborador en el espectáculo más conocido en el momento. Además, Hickok se salía del perfil de agente de la Ley del momento. Él, era educado en su hablar, pausado en movimientos y cortés con los ciudadanos, a veces hasta con los malhechores.

Se sabe que el Comisario era una persona odiada por unos y envidiada por otros. Sufrió continuas amenazas de muerte. Merece la pena destacar que, en una ocasión, la prensa le dio por muerto, y el propio Hickok contactó con los autores de la noticia para decirles que aún estaba vivo.

Hickok siempre tomaba precauciones. No se sentaba, nunca, dando la espalda a las puertas de los lugares en los que se encontraba. Iba armado siempre, ocultando, a veces, su revólver bajo el abrigo. Por cierto, en una ocasión, recortó el cañón de una de sus armas y modificó el abrigo para poder disparar desde debajo del mismo. Nunca entraba en zonas oscuras o poco iluminadas y tampoco era “amigo” de entrar en callejones. En fin, tomaba precauciones y se mantenía alerta. Pese a eso, al final murió por un disparo en la nuca y a quemarropa. La muerte le llegó mientras jugaba a las cartas y daba la espalda a la entrada del establecimiento, quizás fue la primera vez que rompía esa norma de seguridad.

Su asesino le disparó con un Colt del calibre .45, y lo hizo casi desde la calle. Algunos dijeron que lo asesinaron desde el mismo umbral de la puerta del salón de juegos. Cuando Hickok se desplomó, y cayó al suelo, en sus manos tenía las cartas de la que era su última partida, concretamente Dos pares de Ases y Ochos Negros, desde ese día, y hasta hoy, a esa jugada se le llama: la Mano del Muerto.

En el Juzgado del Condado de Deadwood, (Dakota del Sur) apareció, en la década de los años cuarenta, del siglo XX, una carta que escribió el mismísimo Hickok. La referida epístola no llegó jamás a su destino, nuestro personaje fue asesinado antes de pasar por la oficina de correos para remitirla. La misiva era la respuesta de Hickok a un admirador y seguidor de sus acciones, el cual le había preguntado, entre otras cosas: ¿Cómo llegó a matar usted a tantos hombres? ¿Qué técnicas de tiro usó usted Sr. Hickok...? Lo que no se puede saber es, si preguntaba por un caso concreto o por todas las víctimas de Wild Bill, en cualquier caso, esta fue la respuesta textual:”…LEVANTÉ MI MAMO A LA ALTURA DE LOS OJOS, COMO SI ESTUVIERA APUNTANDO CON EL DEDO…Y DISPARÉ…”

Y ahora, -como instructor de tiro defensivo que soy- digo yo: ¿Hay algo más natural e instintivo que eso? Cualquiera de nosotros, incluso un niño, (con varios años de edad) controla y coordina, sin entrenamiento específico previo, los movimientos de su ojo y dedo, y apunta con el dedo índice a cualquier objeto sin demora alguna de tiempo. Para ello, instintivamente el ser humano, desde que nace, va aprendiendo a hacerlo. Siendo un bebé no se consigue, pero a los pocos meses, todo niño sin problemas motrices y de coordinación, es capaz de ir ganando calidad en estas coordinaciones físico-oculares.

El arma no es más que una prolongación imaginaria de ese dedo. Si un tipo como Hickok, sobrevivió en esa turbulenta época, a duelos, enfrentamientos como “particular” y encuentros armados como agente defensor de la Ley, y usaba algo tan instintivo y tan natural, es que eso, es lo que funciona. NO se diseñaron, en esa época, técnicas complicadas, con un pie ahí, el otro aquí, este brazo para delante, el otro para atrás…NO, señores, lo sencillo y natural, y cuanto más sencillo mejor, eso es lo que funciona en situaciones reales de enfrentamiento con extremo estrés.

Saquemos conclusiones de ese encuentro “profesional”:

1º. El enfrentamiento policial, o defensivo, en esa época, ya se daba a muy cortas distancias. Anteriormente se ha dejado expuesto un caso concreto, pero son muchos los que se pueden rescatar de las memorias y biografías de las viejas leyendas del Far West. Otro ejemplo, digno de un artículo, es el archifamoso suceso de OK Corral con los hermanos Earp(3) y unos pistoleros muy conflictivos. Aunque, lo de Tombstone, fue, quizás, más personal que profesional, pero no deja de ser un encuentro armado a muy corta distancia.

2º. Pese a la escasísima distancia en el enfrentamiento narrado, hubieron disparos que se fallaron. El vaquero que disparó a Hickok los efectuó muy bajos y eso que ya sabemos que en esa época, la gente estaba muy habituada a tirar por diversión y en situaciones reales; en fin, que tenían gran hábito y destreza en el manejo de las armas. Pero al final, en los enfrentamientos reales, cuando te disparan y te juegas la vida, las cosas cambian mucho y se fallan disparos que parecían imposibles de errarse. De todos modos, el vaquero estaba beodo.

3º. Incluso un profesional de las armas en esa época, (casi todos tenían experiencias reales en enfrentamientos y un buen manejo de sus armas) puede entrar en tal situación de estrés “descontrolado”, que su visión se vea afectada y entre, de lleno, en el llamado Efecto Túnel. Además, también sufrirá la falta de control y capacidad cognitiva, como la que sufrió el Comisario cuando abatió a su amigo.

4º. Podemos ver que Hickok, en esa acción, abatió a dos personas de forma muy rápida y eficaz con dos disparos a cada uno. No se limitó con un disparo, aún sabiendo o creyendo que sus disparos los colocaría en la zona deseada, -tanto por su destreza como por la escasa distancia que le separaba de su agresor-

Pese a ello, el Comisario aseguró sus blancos con dos súbitos disparos. Es lo que hoy llamamos doble tap.

5º. Muy ilustrativa y aclaratoria es la misiva hallada en los Juzgado del Condado de Deadwood. Lo sencillo, lo natural y lo de fácil asimilación, es lo que mejor funciona en situaciones de estrés y tensión extrema.

6º. Hickok, tras dar muerte al vaquero, recibió muchas amenazas de muerte, por ello modificó y adaptó su equipo para ser más eficaz en su uso. Recortó el cañón de una de sus armas y diseñó un sistema de sujeción para usar el arma desde dentro del abrigo. En pocas palabras, adoptó nuevas técnicas y tácticas para sobrevivir. Por cierto, aunque poseía varias armas, -como hemos visto anteriormente- sus preferidas siempre fueron los Colt Navy 1851.

7º. El estado de alerta permanente le mantuvo vivo más tiempo, aunque finalmente la muerte le llegara por descuidar la retaguardia durante aquella fatídica partida de cartas. ■

(1) James Butler Hickok (Troy Grove, Illinois 27 de mayo 1837 - Deadwood, Dakota 2 de agosto de 1876) se le apodó Wild Bill (Bill el Salvaje). En una ocasión, cuando trabajaba como conductor de diligencias, y mientras dormía a la luz de la luna, (no era amigo de las comodidades) se enfrentó al oso que atacó a los pasajeros que dormían en su carruaje. Hickok atacó e hirió al oso con su machete, pero también él, resultó con heridas de cierta consideración.

Su cobarde asesino estaba resentido por una partida de Poker que Hickock le había ganado con anterioridad. Jack McCall era el nombre del cobarde criminal.

(2) William Frederick Cody, es el verdadero nombre de Buffalo Bill (26 de febrero de 1845-10 de enero de 1917) el apodo de Buffalo, le fue puesto por su habilidad como cazador de búfalos, con cuya carne se alimentaba a los trabajadores de los ferrocarriles. Lo de Bill, fue porque a un afamado cazador, así llamado, Cody, le ganó una competición de caza de búfalos.

Fue soldado, explorador, del 7º Regimiento de Caballería durante la Guerra Civil. Años más tarde, volvió al mismo trabajo, pero en esta ocasión, en el 3º Regimiento de Caballería, pero ya, en esta segunda unidad militar, era un civil contratado por su enorme experiencia en los territorios indios. En esa segunda época, 1872, fue condecorado con la Medalla de Honor del Congreso, pero justo después de su muerte, en 1917, le fue retirada la condecoración. Tras unas modificaciones reglamentarias: a un civil no se podía conceder dicha distinción. En 1989, la Medalla le fue restituida a título póstumo.

Gracias a Cody, el Salvaje Oeste y el estilo de vida fronterizo fue conocido en todo el mundo. Montó una compañía al estilo circense. Con este espectáculo, recorrió todo el país y parte de Europa, llegando a ser considerado el mayor espectáculo del mundo. Destacaban en sus circuitos artísticos, los espectáculos con caballos salvajes de todos los orígenes, americanos, españoles, árabes, argentinos, rusos, etc. Su habilidad con las armas era también una gran atracción, realizando exhibiciones de tiro a naipes y monedas.

Contrató a Toro Sentado y otros nativos americanos, sobre todo para que apareciera en sus números artísticos. Era especialmente esperada, por el público, la representación de la última Batalla de Custer, (Little Big Horn) cuyo personaje representaba el propio Cody.

(3) Wyatt Berry Stapp Earp (19 de marzo 1848-13 enero de 1929) es el más famoso de todos los hermanos Earp, (Virgil, Morgan) los cuales le acompañaban el día del más famoso tiroteo del viejo Oeste, el famoso OK Corral de Tombstone (Arizona). En el referido tiroteo, iba acompañado también de su gran amigo, y desde aquel día famoso pistolero, Doc Holliday.

Wyatt fue uno de los más famosos y temidos agentes de la ley en la “frontera”, era implacable y duro ante los malhechores y tenía fama de incorruptible. Se hizo famoso por su habilidad en el manejo del revólver y su sangre fría ante los tiroteos. A veces, ponía fuera de combate a sus rivales con un fuerte golpe en la cabeza, para ello usaba el cañón de su revólver, el cual desenfundaba tan rápido, que el golpeado ni se percataba de lo ocurrido. Quizás, podamos decir que era una forma de usar lo que hoy llamamos, ARMAS DE LETALIDAD REDUCIDA o baja letalidad. Tal vez, esa era la “ASP” del momento.

Dentro de las fuerzas del orden, ocupó varios cargos en diversas ciudades, llegando a tener a sus hermanos como compañeros de armas en alguna ciudad.■

lunes, 9 de agosto de 2010

HÉROES vs MEDALLAS: ¿las reciben los que están donde se dan o las reciben los que están donde se ganan?

Hace unos días, en el blog de un amigo, leí un artículo sobre los héroes policiales. En el texto se exponía el significad de la palabra héroe según la Real Academia de la Lengua Española, y seguidamente se exponían casos reales de agentes de seguridad, de todo el mundo, que, a criterio de mi amigo y sus lectores, merecían el apelativo de héroes. Muy resumidamente, un héroe es una persona que realiza una hazaña extraordinaria, especialmente si requiere mucho valor o pericia.

Es precisamente esa definición, a groso modo, la que se refleja en todos los reglamentos y normativas de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, y de las Fuerzas Armadas, para la concesión de medallas al mérito policial o militar. Pero hay más, al existir un amplio catálogo de condecoraciones y premios de reconocimiento a la labor profesional, también se pueden otorgar premios de más prestigio, exigiéndose para su concesión, casi siempre, un riesgo propio en el acto que produjo la acción meritoria de reconocimiento.

Al hablar con profesionales de todos los estamentos en los que se imponen condecoraciones, -casi todos cuerpos armados y uniformados- siempre se oye la misma queja: se dan demasiadas medallas a quienes no participaron directamente en la acción que dio origen a la concesión; a veces se concede a quien nunca tuvo conocimiento de tal operación. Este es un mal extendido y en auge. Pocas condecoraciones se conceden con la opinión mayoritaria de la justa concesión, y cuando es así…a la par se entregan otras vergonzosas que se suelen esconder y justificar tras la merecida. Estas puede minusvalorar a la primera.

Hoy, un veterano compañero de otro cuerpo me ha expuesto su experiencia con las medallas, la sociedad, el Cuerpo y los avatares políticos, sindicales e internos de su institución. Este amigo ingresó en el Cuerpo de Policía Nacional cuando este acababa de nacer tras la desaparición de la Policía Armada. ¡Ya ha llovido! Pues bien, Moreno me cuenta que al ingresar en el Cuerpo, -es su impresión- se otorgaban felicitaciones públicas y condecoraciones por servicios destacados y se hacía con bastante justicia. Conoce el caso cercano de un compañero que detuvo, sin operativo especial alguno, a un comando de eta (para estos perros uso letras minúsculas) y por ello lucía la medalla al mérito “blanca”. Otro de su unidad, también en los tiempos de inicio de su carrera, lucía la “roja”, fue la primera que vio en el pecho de un igual. Aquel compañero lucía “la roja” por su acción en un atraco en el que acabó con la vida de dos delincuentes. Por todo ello, a sus 22 años, Moreno creía que las medallas se daban justamente.

Las cosas cambiaron con el devenir de los tiempos. La sociedad española iba cambiando: llegó al poder el partido que hoy nos gobierna. Según Moreno, nació la eterna sospecha sobre los agentes uniformados. Se sacaba la lupa para todos ellos. Parece que por muchos de los hechos que antes daban inicio a expedientes para felicitación, condecoración o recompensa, ahora daban inicio al expediente disciplinario para averiguar veracidades…Se acabaron las felicitaciones públicas para los operativos uniformados de “calle”, sin embargo, todos los días se podía leer en las Ordenes Generales que los que se sentaban en cómodos despachos, y nunca pisaban las calles, recibían inmerecidos premios y reconocimientos profesionales.

Esto hizo que, en los actos en que se usaba uniforme de gala o similar, los que carecían de una pechera “chapada”, pusieran en “cuarentena”, por sospecha, a los que bajaban de sus despachos, u otros destinos, con el uniforme repleto de chapas.

Para Moreno, la llegada del PP al Gobierno de la Nación puso en alza la labor del Policía de la calle. Parece que los jefes del CNP, cuando coincidían en actos con compañeros de la GC, veían más medallas en las guerreras de esos compañeros, por ello empezaron a otorgar, a los suyos, más medallas que en los tiempos recientemente pasados. Eso sí, se daban con cupo: tantas para tal unidad y tantas para la otra y así con todas. Al final no se tenía en cuenta el valor real de los servicios, sino que se contentaba a todos, pero NO por igual. Se cubría expediente, algo común en otras facetas de esta profesión.

Nació la Romería de las Medallas. Gente con dos o tres años de antigüedad ya lucía medallas y otros agentes que venían de hacer la transición, y seguían en la calle, no tenían nada. Otros se jubilaban casi sin nada, mientras a los nuevos se les iba incentivando con “chapas”. Los que se estaban yendo jubilados habían soportado la peor época del terrorismo y una delincuencia insaciable, pero sus uniformes estaban más vacíos que los del relevo.

Tras decirme eso, Moreno admite que posee dos medallas al mérito y ambas “blancas”. Una se la dan a destiempo, como dice él. Ha sido por su trayectoria profesional, precisamente cuando ya ni recuerda las mil intervenciones delicadas que ha protagonizado y que merecieron, per se, medalla particular. La otra se la han concedido por una acción con riesgo propio durante la detención a un atracador que, armado con una escopeta, lo encañonó. Pero esta segunda es también “blanca”

Un buen amigo siempre dice, y sabe de lo que habla, -tiene muchas medallas y a propuesto a muchos para que las recibieran- que lo importante es hacerlo, y no el reconocimiento. Seguramente es cierto, pero a todo el mundo le gusta ser reconocido, es algo inherente al ser humano sano. Otro amigo me enseñó una frase que oía de su padre ya fallecido y que fue alto mando de las Fuerzas Armadas y veterano de guerra: “…las medallas las reciben los que están donde se dan, y NO los que están donde se ganan…” creo que demasiadas veces es cierta la afirmación del padre de mi amigo. También él sabía de lo que hablaba.

Don Gonzalo

martes, 3 de agosto de 2010

CONCLUSIONES EXTRAÍDAS DEL ANÁLISIS DE ENFRENTAMIENTOS ARMADOS

Ernesto Pérez Vera
Instructor de Tiro Policial y Defensivo


El agente de policía por lo general NO está psicológicamente preparado para afrontar un enfrentamiento armado real, y para colmo, la inmensa mayoría de los planes de formación y entrenamiento de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en España, no guardan relación con la realidad del enfrentamiento.

Esto es algo que ya fue asumido en Estados Unidos. Allí se analizan y estudian todos y cada uno de los casos en los que un agente de la ley (aquí en España denominado Agente de la Autoridad) se ve envuelto en un enfrentamiento en el que se hace uso de las armas de dotación reglamentaria. Estos análisis se realizan tanto si el agente fallece como si resulta herido o indemne pero siempre se hace un análisis y estudio de todo lo ocurrido.

Para el análisis, se obtienen datos relativos a la distancia de los enfrentamientos, tiempos de reacción, número de disparos y de impactos, calibres usados, comportamiento de los proyectiles, etc., y de todo ello se obtienen conclusiones que pueden ser tenidas en cuenta para diseñar o programar entrenamientos más eficaces.

El FBI ha realizado un estudio concienzudo sobre detalles relacionados con el fallecimiento de agentes del orden de su país. Este trabajo revela datos referidos a la década de los años 90 del siglo pasado. Así pues, pueden afirmar que el 66% de los agentes que fallecieron por ataque de un delincuente, lo fueron en acto de servicio como agentes patrulleros uniformados y un 22% cayeron durante tareas de investigación.

Las circunstancias en que se produjeron los encuentros armados fueron muchas, detallando en este artículo solo las más significativas. El 21% fallecieron cuando trataban de detener a un delincuente por un delito común. Otro 21% lo hicieron cuando procedían a identificar a sospechosos o infractores de tráfico. El 19% fueron asesinados cuando mediaban en riñas o peleas. El 18% estuvieron envueltos en enfrentamientos con atracadores de establecimientos varios. El 21% restante fueron abatidos en circunstancias variadas. Dentro de estos porcentajes, es de destacar que la mayoría se produjo en horas nocturnas.

Aún siendo los datos anteriores referidos a casos en Norteamérica, serían perfectamente extrapolables a la realidad de nuestro país.

Podríamos en consecuencia, llegar a las siguientes conclusiones:

1º.- En el enfrentamiento real, nuestro agresor dispara o ataca con arma blanca contra nosotros antes de que nos demos cuenta de que se está produciendo un ataque, o de que está apunto de iniciarse.

En los entrenamientos del 80% de los cuerpos policiales de España, eso no se recrea jamás. En nuestro país se entrena de forma estática contra blancos estáticos, y muchas veces se inicia el ejercicio con el arma en la mano y no desde la funda. Tampoco el instructor inculca instinto de supervivencia, el cual puede hacer salir el instinto animal que todos debemos tener escondido en algún sitio.

En esos casos de enfrentamientos reales, es difícil sobrevivir al primer disparo pero en caso de seguir vivo, hay que iniciar cuanto antes una defensa reactiva. No lo olviden, los “buenos” siempre dispararán ante el ataque de los “malos”, por ello casi siempre, el agente resultará herido aún cuando consiga repeler con eficacia el ataque.

2º.-
La inmensa mayoría de los ataques, con cualquier tipo de arma (fuego, blanca o contundente) se producen por sorpresa, provocando un shock en el agente atacado.

Si el atacado queda paralizado por el shock, puede estar perdido, pero si consigue reaccionar, normalmente antes de repeler el ataque, se planteará cuestiones sobre las repercusiones legales y mediáticas de su acción

3º.- La reacción instintiva de defenderse debe ser súbita, bien reducir silueta (es natural y a veces se realiza sin que el propio atacado se de cuenta) o bien moverse y ponerse a cubierto y abrir fuego hacia el agresor; esto evitará que el atacante continúe su agresión con tranquilidad y aún sin que provoquemos su puesta fuera de combate, es casi seguro que él errará en sus disparos, nadie es capaz de permanecer tranquilo mientras recibe fuego de réplica.

4º.- Ante todo hay que tener la firme voluntad de sobrevivir, si eso es algo en lo que no estamos entrenados mentalmente o es algo en lo que no hemos meditado antes, no será fácil salir airoso.

5º.- La inmensa mayoría de los enfrentamientos armados se producen entre un metro y siete metros de distancia y sobre todo entre un metro y tres metros o incluso menos.

¿Lleva usted cartucho en recámara? Si no lo lleva, ¿Cree que un agresor dispuesto a matarle a esa distancia le permitirá tiempo para montar el arma? Aunque en la galería de tiro sea usted muy rápido incluso montando el arma con una mano, sepa que eso no podrá hacerlo a cinco metros del agresor, él ya habrá atacado y usted no tendrá tiempo de casi nada, es más, seguramente ya estará usted herido. Cuando usted tenga tiempo de algo…habrá perdido toda habilidad motora fina (habilidad digital aprendida) y ya puede ser tarde…

6º.- Hay que oponerse al instinto natural de huir de un enfrentamiento a las distancias referidas antes. En caso de hacerlo, podremos ser fácil blanco por la espalda.

En los EE.UU. se han dado casos de agentes que se entregaron a sus atacantes, quizás esos agentes creyeron que no saldrían vivos del enfrentamiento y no se defendieron con violencia y con decisión, muchos de esos agentes fueron asesinados con sus propias armas.

7º.- Ante el primer signo de riesgo, el agente debería desenfundar su arma o bien empuñarla desde la funda, presta para el desenfunde. Esto en U.S.A. es norma, pero en España es impensable aún. Llevar un cartucho en recámara y estar adiestrado en el tiro desde Doble Acción, ayuda mucho a salir mejor parado, a veces es decisivo.

No olvidemos de todos modos que lo más difícil es detectar el ataque antes de que éste se produzca, quienes pudieron predecirlo sobrevivieron casi siempre. Hay que mantener siempre activados los estados de alerta.

8º.- El primer instinto ante un ataque es el de agacharse y/o moverse, si eso es lo que va a pasarnos en la realidad (vuelvo a lo mismo del primer punto) ¿Por qué la mayoría de programas de entrenamiento no lo contemplan en sus planes de formación?

9º.- Un agente de policía debe saber que en cualquier momento de su servicio puede ser víctima de una agresión mortal, incluso en situaciones de lo menos sospechosas, como pudiera ser la entrega de una citación en un domicilio. Debe saberlo y debe estar concienciado de ello.

También debe mentalizarse de que ante esos hechos tendrá que defenderse de tal modo que puede provocar la muerte de otro ser humano. Esto es algo que no se inculca en nuestro país, quizás todo lo contrario, aquí se suelen crear tabúes que llevan al miedo y falsos mitos, y que a su vez crean la duda permanente en el agente, haciéndolo inseguro.

10º.- La inmensa mayoría de los enfrentamientos NO suelen durar más de tres segundos, salvo casos muy concretos de asedio a delincuentes atrincherados. Aún así, se debe ir provisto de cargadores de repuesto, porque el “malo” nunca avisa de su ataque y menos todavía de la duración del mismo, además nunca sabremos que circunstancias se pueden dar.

11º.- Casi nunca los agentes hacen más de 4 disparos, no alcanzando el blanco los primeros y sí los últimos disparos, quizás esto en España ocurre porque tratamos de intimidar con disparos al aire o a objetos próximos a la amenaza, de ahí que los primeros disparos no alcancen al agresor. En muy pocos casos se precisa de cambio de cargador, aún así es necesario llevar alguno/s de repuesto. Nunca sabremos que tipo de acción hostil vamos a encontrar o si acaso vamos a perder el cargador del arma durante una carrera, salto de muro o valla, trepas, o forcejeos. (Me reitero apropósito en lo de los cargadores de repuesto)

12º.- Cuando el delincuente está bajo los efectos de drogas o alcohol (es muy frecuente), suele fallar sus disparos, aún así, él es quien inicia siempre la confrontación y si es a muy corta distancia, puede causar baja en el agente incluso cuando sus disparos vayan bajos.

El delincuente en nuestro país por lo general no está adiestrado en el manejo de armas (esto cada vez es menos cierto) así pues sus disparos suelen irse hacia abajo aún cuando los dirija al pecho de agente. Esto sería positivo si los disparos se producen a distancias largas pero la mayoría de las veces sabemos que se producen a muy cortas distancias, de modo que a 3 metros si el malhechor dispara al pecho del agente, sus disparos podrán ir a la zona baja del mismo, tocando órganos importantes por debajo del esternón.

Según la distancia a la que dispare el agresor y si sus disparos se desvían hacia abajo, se pueden producir rebotes que podrían acabar impactando en la zona media alta del cuerpo de agente atacado. Esto es fácil de comprobar recreando la situación en el campo de tiro, con suelo firme, duro y con una silueta.

13º.- El calibre usado por el agente no siempre es decisivo, ni tampoco el tipo de proyectil. Lo realmente decisivo es el lugar del cuerpo donde se consiga impactar al atacante, si bien el impacto en un punto concreto de la anatomía humana, puede ser más eficaz con determinados calibres y/o tipos de proyectil.

Ante situaciones límite de enfrentamiento real, solo un agente extremadamente entrenado será capaz de impactar en la zona deseada y aún así, él no maneja todos los factores que intervienen. ¿Qué prefieren impactar a 3 metros en su agresor con un 9mm Corto en la frente o con un .357 Magnum en el pie?

Seguidamente se exponen algunos casos cercanos en el tiempo y en el espacio, casos reales ocurridos en nuestro país.

Así pues, el 12 de agosto de 2002 falleció un Inspector del C.N.P. en Madrid, el agente fallecido estaba acompañado de otros tres agentes del mismo cuerpo y trataban de identificar, para posteriormente detener, a un ciudadano colombiano de 39 años que se hallaba implicado en la muerte de otro sudamericano. Todos los agentes del dispositivo eran de la Brigada Provincial de Homicidios, todos ellos resultaron heridos por los disparos que el colombiano efectuó en un portal donde los agentes le esperaban. Solo uno de los agentes del dispositivo fue capaz de hacer fuego efectivo y herir de un disparo en el abdomen al criminal colombiano.

El día 1 de marzo de 2003 un agente de P.L. de Marbella resultó herido grave al recibir en su cuerpo un impacto de bala. Los hechos se produjeron cuando el agente trató de identificar a dos sujetos que conducían un vehículo sustraído, si bien existían sospechas de que los sujetos hubieran participado en un tiroteo. Los hechos ocurrieron en el Trapiche (barrio marbellí). Uno de los delincuentes resultó herido pero de menos gravedad que el agente, en cualquier caso parece que no fue detenido. Los delincuentes portaban chalecos antibalas, que fueron hallados días después con varios impactos. Se contabilizaron hasta 30 disparos en la escena del suceso. Se da la circunstancia de que el agente herido es el Instructor de Tiro de la P.L. de Marbella y ya ha tenido dos enfrentamientos similares.

El 29 de diciembre de 2004 dos agentes del C.N.P. de la Unidad de Motos se adentraron en un edificio de la barriada de las Tres Mil Viviendas de la ciudad de Sevilla, en dicho edificio se trapicheaba con pequeñas dosis de droga y los agentes, una vez dentro del bloque, llamaron a una puerta que se hallaba abierta y donde sabían que a veces se vendían papelinas de cocaína y heroína. Los agentes iban solos, sin más apoyo, se disponían a realizar un servicio que para cualquier agente cumplidor, sería rutinario. Una vez los moradores de la vivienda advirtieron la presencia policial en la puerta de la casa, sin mediar palabras abrieron fuego con escopetas de caza, los agentes repelieron el fuego con sus armas cortas de dotación. El resultado fue que murió uno de los traficantes, tres más resultaron heridos y ambos agentes heridos también, uno por golpes severos en la cabeza con barra de acero y el otro por disparos en las piernas.

El 6 de abril de 2006 un agente de la G.C. destinado en la Comandancia de Segovia resultó gravemente herido por arma de fuego durante la realización de un control de carretera, los autores de los disparos resultaron ser delincuentes habituales que huyeron del lugar en vehículo. Según parece, los agentes de la G.C. del Dispositivo Estático del Control, no fueron capaces de herir a ninguno de los atacantes, pese a estar todos los agentes en un dispositivo donde se trabaja con una especial sensibilidad y atención, además de dotados supuestamente de armas largas.

El 29 de mayo de 2006 en la ciudad madrileña de Parla, un agente de P.L. que se hallaba franco de servicio, fue víctima de un robo con violencia e intimidación a la salida de un banco en el que acababa de realizar gestiones particulares. El funcionario fue agarrado por el cuello y asaltado por tres personas que con armas punzantes le hirieron a la vez que golpeaban su cabeza en el suelo. Por suerte este agente iba armado con una pistola personal, no de dotación reglamentaria y cuando tuvo ocasión y aún estando herido de gravedad, consiguió abatir de un disparo a uno de sus atracadores. El delincuente falleció prácticamente en el acto por un disparo en la cabeza, el cual tuvo entrada por mentón y salida por occipital, con trayectoria ascendente. Según parece, se da la circunstancia de que este agente es Instructor de Tiro Policial Reactivo.

El 10 de febrero de 2008 un agente de la P.L. de Granada fue herido por arma de fuego durante la identificación del conductor de un vehículo que iba a ser denunciado administrativamente por conducción negligente. El disparo alojó un proyectil del calibre .22 L.R. cerca de la base del pene del agente. Parece que el disparo se produjo desde un edificio próximo al lugar donde el agente realizaba la identificación.

El día 23 de marzo del 2008 un agente del C.N.P. que patrullaba en unión de otro compañero, recibió durante la madrugada un disparo a corta distancia durante la identificación de dos sospechosos en un barrio marginal de la ciudad de Benidorm, el agente herido recibió el disparo en el pecho y le provocó gravísimas heridas al agente. Los autores de los disparos no fueron ni heridos ni detenidos, los agentes no fueron capaces de hacer uso de sus armas.

El 28 de noviembre de 2008 en la ciudad alicantina de Petrer, se produjo un tiroteo entre los dos atracadores de una entidad bancaria y agentes de la P.L. y del C.N.P. Como resultado de la refriega, dos agentes del C.N.P. resultaron heridos por los disparos, uno de ellos recibió tres impactos, de los cuales uno, impactó en la mandíbula. Los atracadores también recibieron varios disparos. Uno de los delincuentes acabó herido por dos impactos en el pecho y el otro falleció tras recibir siete impactos repartidos por distintas partes de su cuerpo, pero incluso cuando ya había recibido los tres primeros disparos, seguía esgrimiendo su arma hacia los agentes.

El 13 de febrero de 2009, un agente de la Policía Municipal de Madrid resultó herido por arma blanca en una mano y por disparo de arma de fuego en un píe. En la misma actuación, un agente del CNP recibió una cuchillada en un hombro. Las heridas de arma blanca de ambos agentes, la produjo un ciudadano de Ghana que se mostró agresivo y violento cuando era identificado; mientras que la herida de arma de fuego en el píe del PM de Madrid, la provocó un disparo del agente del CNP. Finalmente el ciudadano de Ghana fue detenido tras recibir un disparo en una pierna, aunque con el impacto en la extremidad, consiguió huir varios cientos de metros del lugar de los hechos.

Saquen sus propias conclusiones.
En los casos reales anteriormente expuesto de forma tan sucinta, quedan reflejados supuestos varios, en los cuales podemos advertir correctas actuaciones policiales, otras quizás menos correctas, otras de las actuaciones denotan gran pericia y habilidad y otras quizás, adolecen de ella. En cualquier caso, todos los agentes, tuvieron el añadido de la mala suerte. Seguro que todos los que sobrevivieron, se preguntaron ¿Por qué a mi…por que yo…?. Muy sencillo, porque ustedes estaban trabajando y cumpliendo con una obligación que no siempre es reconocida como merece por quien corresponde, una veces por los mandos, otras por los compañeros y otras por los ciudadanos.■

PUBLICADO EN EL NÚMERO DE ABRIL/MAYO 2009 DEL PERIÓDICO ARMAS.ES Y EL 20 DE AGOSTO DE 2009 EN LA REVISTA Nº80 DE WAR HEAT INTERNACIONAL

sábado, 24 de julio de 2010

UN MAL EN “ALZA”: LA DROGA AFECTA A LA SOCIEDAD Y A TODOS SUS SECTORES PROFESIONALES, a todos…

Por: Don Rodrigo

Una Profesión Vocacional, No Vacacional
Hay profesiones que solo deberían poder ejercerse si quienes las llevan acabo poseen altas dosis de vocación. Llevar a término lo anterior es arto complicado. Detectar y acreditar la vocación en grupos de aspirantes a un concreto puesto profesional, debe ser difícil. Sin embargo, creo que es fácil descubrir, en periodos selectivos, a quienes no posee la mínima dosis vocación.

A determinadas profesiones se les debe exigir, desde todos los sectores y ámbitos, altas dosis de compromiso y de vocación, y además, de modo real, no de modo superfluo. Personalmente, creo que la acreditación de capacidad profesional que se evalúa, únicamente, mediante la presentación de diplomas y certificados, no suele decir nada, pero como digo, es mi personal opinión, la cual se basa en cercanas experiencias personales.

Muchos, en todos los ámbitos profesionales, una vez alcanzada la plaza, generalmente de funcionario, son asignados a determinados puestos o destinos por el mero hecho de tener concedido un diploma que, en muchos casos, acredita la asistencia o superación de unos mínimos conocimientos en una materia específica determinada.

Una de esas profesiones a las que vengo aludiendo es la de Policía. La profesión de Policía es más que una profesión, mejor dicho, debería ser algo más que una profesión. Ser Policía, es como ser médico o bombero, es una de esas pocas, como dije antes, actividades profesionales a las que se debería exigir buenas dosis de vocación. Una profesión de la cual puede depender la vida o la libertad de una persona –derechos fundamentales y básicos-, no debería ser ocupada por personas que solo pretenden obtener un trabajo fijo, -casi siempre de por vida, o hasta la edad del jubileo- Para algunos Policías -los menos- ésta profesión es una forma de vida; es una filosofía de vida. Muchos “trabajan” de policía, otros son Policías.

Ser Policía es algo grande para mí. Es la más grande de las profesiones, siguiéndole, de cerca, las otras profesiones antes referidas. Un Policía debe ser capaz de todo lo bueno que tienen las profesiones de sanitario y contra incendios. Por ello, al agente policial se le exige que ayude a salvar una vida -son los primeros en llegar a incendios, agresiones o accidentes- a veces, incluso más que a salvar la vida, a traerla. Son muchos los casos conocidos de agentes de seguridad que han participado en urgentes partos, improvisando, para ello, quirófanos en portales, coches patrullas o autobuses. Por cierto, el año pasado, un amigo de la Guardia Civil, protagonizó uno de esos casos, fue en la localidad sevillana de San José de la Rinconada. Por tan noble y eficaz servicio ciudadano, ha sido condecorado. Enhorabuena amigo.

También, al Policía se le exige que arriesgue su vida ante las llamas de un incendio, incendio al que por cierto, suelen llegar los policías antes que los bomberos. Tampoco son escasos los actos heroicos conocidos en ese sentido y otros similares.

Creo, por todo ello, que ser Policía es algo grandioso, pues además de hacer todo lo que antes, tan sucintamente, he plasmado, tendrán que arriesgar sus vidas ante personas que tienen por “profesión” o afición, la de “quitar vidas”. Al hilo de esto último, quiero recordar a Miguel Márquez Liñán, un linense al cual, en abril de 2009, un menor de edad le quitó la vida con una mortal puñalada. A Miguel, durante cerca de 10 minutos, agentes policiales llegados al lugar de suceso, lo mantuvieron con vida, si bien, finalmente y ya en un centro sanitario, falleció.

Los Policías se tienen que enfrentar todos los días a las situaciones más insospechadas. Para poder hacer frente a las situaciones que antes comentaba, se requiere del funcionario de Policía, una total y positiva disposición y compromiso para con la sociedad y la institución policial. Esa actitud debe ser advertida por la ciudadanía, por ello, el Policía, debe ser visto como ejemplo de encomiables virtudes humanas y ciudadanas.

Falta de Compromiso y de Entrega
Lo anteriormente manifestado no es posible alcanzarse si los policías no están convencidos de lo que representan, o sea, la Ley. No en vano, y en el ejercicio de sus funciones, son considerados Agentes de la Autoridad. La Autoridad a la que hace referencia esa cualidad de Agente, es la Judicial, que en definitiva es la que hace cumplir LA LEY. El policía debe de creer, firmemente, en lo que hace, o al menos en lo que debe hacer. Debe ser coherente con lo que representa.
Para cumplir legal y eficazmente con el Ordenamiento Jurídico, -conjunto de normas jurídicas establecidas y vigentes- no solo se precisa del funcionario policial un buen conocimiento de las normas penales y administrativas de uso policial frecuente. El Policía también tendrá que ser ética y moralmente intachable, siendo fiel cumplidor de la LEY, tanto cuando está investido del carácter de Agente de la Autoridad, antes referido, como cuando se haya “investido” del carácter general de PARTICULAR o ciudadano.

Hasta aquí, todo parece lógico y normal, creyendo todo el mundo, -incluso la mayoría de funcionarios policiales- que así es como funcionan o están conformadas las diversas instituciones policiales del país. La verdad es otra. Por mi experiencia personal, así lamento tener que decirlo.

Son cada día más las promociones policiales, -da igual el Cuerpo del que hablemos- que ponen en circulación, a cientos, cuando no a miles, de policías. De estos miles de funcionarios, cada vez son menos los que creen en lo que hacen, o en lo que van a hacer una vez acabado el periodo académico. Menor aún es el compromiso con la actividad y comunidad policial y con la entrega profesional, tomando el trabajo y las horas del mismo, como un mero espacio de tiempo donde esperar a pasar el rato hasta acabar la jornada para marchar a casa o de fiesta.

Hoy salen a la calle “hornadas” de policías con la mentalidad del “funcionario”, y no con la mentalidad del Policía. Cuando me refiero a la mentalidad de funcionario, hago uso, si se me permite, de la acepción peyorativa que muchos utilizan de esa expresión. Como antes ya decía, hay mucho policía vAcacional y NO vOcacional.

Algunos, muy pocos, pueden decir aquello que León Tolstoi dijo: “…NO HAY QUE HACER SIEMRPE LO QUE SE QUIERE, SINO QUERER LO QUE SIEMPRE SE HACE...”. Ojalá más funcionarios policiales pudieran decir eso. No puedo negar que conozco a un buen “puñado” de buenos y comprometidos Policías, pero un “puñado” es poco. Un puñado es nada.

De todos modos, pocos serán los que admitan que son funcionarios policiales con el único, y bastardo, fin de ser funcionarios de por vida. Por el contrario, estos que así sienten, y en consecuencia actúan, lejos de admitir tan ruin fin, dirán que son orgullosos y comprometidos Policías. Ninguno, o muy pocos, admitirá que es acreedor del mérito y respeto que implícitamente conlleva esta profesión. Así pues, mienten y engañan en su entorno. La mejor prueba de lo anterior es, o son, el conjunto de sus propios actos diarios, los cuales son evidentes delatores de la nula implicación y compromiso. (en la imagen: el Comisario del CNP D. Jesús Gómez Palacios. Mientras realizaba compras con su familia, sin estar de servicio, se enfrentó a un atracador armado. D. Jesús recibió un disparo y abatió al atracador. Eso es compromiso. Fue condecorado)

La crisis que en estos momentos -año 2010- está afectando al mundo, y quizás a España de un modo muy especial, es una crisis económica, de eso no hay duda; pero yo digo, y no lo digo hoy, sino que lo vengo diciendo desde hace años: la crisis en España es integral. Existe, en nuestra sociedad, una crisis moral, ética, de valores generales y de principios humanos y sociales. Para ver que esto es así, solo hay que salir un sábado a dar un paseo por las calles céntricas de nuestras ciudades. Lloraremos de pena y quizás de miedo, también de vergüenza.

La juventud está como la sociedad, esto es: deteriorada, perdida y carente de principios y valores. La culpa es de todos. Todos somos parte de la sociedad, y ésta es la primera responsable de la caída al “vacío”. Los políticos, de la mano de la sociedad, son directamente responsables. Ellos son los “pastores del rebaño”, los que imponen las normas jurídicas establecidas en la sociedad, y con ello van alterando las normas y principios sociales. Ahí radica el problema.

La Sociedad Transfiere sus “Malos Olores”
Nuestros políticos han perdido “la polar”, solo siguen un rumbo: el de lo votos. Si para conseguir un puñado más de “peces para su cubo”, tienen que dejar vacías sus palabras y propuestas… ¡a por los votos y a buscar otro cubo! a ver si se llena de más peces -votos-

Ese deterioro social, y esa carencia de coherencia, es detectado por la juventud, la cual, por naturaleza, está ávida de experiencias. Los jóvenes aprovechan las experiencias que la sociedad les sirve y éstas, las experiencias, en su mayor parte les llegan del modo más fácil de ser aprovechadas: vacías y cómodas, o sea, fáciles de conseguir.

De esa juventud se nutren todos los sectores profesionales del país; esos jóvenes son los que, en el futuro, venderán pan, arreglarán carreteras, repartirán el correo postal, conducirán ambulancias, serán médicos, bomberos o Policías. También, y como ha sido siempre, -nada es nuevo, solo que ahora, en tiempos de crisis, se masifican y exteriorizan aún más las negatividades- de esa juventud, saldrán los malhechores, los delincuentes violadores, traficantes de drogas o simplemente los consumidores de ellas. En fin, en la juventud están los futuros “tiradores” del país, tanto los que tiran para “arriba” como los que tiran “para abajo”

Tanto se ha degradado la sociedad que hemos venializado acciones que además de ser antijurídicas, son insanas, por ejemplo: el consumo de sustancias psicotrópicas y estupefacientes. No es nuevo, y hoy, como antes, gran parte de la sociedad -muchos de sus integrantes lo dicen sin esconderse- cree que el consumo de drogas es algo moderno, progre y hasta positivo para la integración en determinados círculos profesionales y sociales. Miserable y desgraciado es quien eso piensa. Basura.

Incluso a determinados niveles, y en ciertos círculos políticos, se piensa igual, si bien no se admite o manifiesta en “abierto”, quizás por el descrédito y desavío político que puede acarrear ante sectores sociales comprometidos con las tesis contrarias. Créanme, muchas veces, solo es por eso.

Desde las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad se lucha contra la lacra de la droga. Se combate este problema desde distintos ámbitos o estadios policiales. Unos lo hacen contra redes de narcotráfico de índole internacional, otros lo hacen contra los traficantes de su demarcación policial, y otros, cuando no todos, combaten el problema desde su base, esto es, reprimiendo el consumo de la sustancias estupefacciones prohibidas -siempre que se consuman en vías, lugares, transportes o establecimientos públicos-

Para este humilde autor, el problema de la droga es el fundamental problema legal y social del país. A ver, me explico: desde el punto de vista policial, la droga es una constante que está presente en la inmensa mayoría de delitos que combaten las Fuerzas y Cuerpo de Seguridad.

Los delitos más comunes, o “de diario”, en los que un agente policial de Seguridad Ciudadana debe intervenir, son los que más directamente le afectan al ciudadano medio. Como ejemplo de lo anterior: Hurtos -bien en su modalidad de delito, o de falta- Robos con Fuerza y el resto de sus modalidades -con violencia y/o intimidación- Delitos Contra La Seguridad Vial -provoca más fallecimientos, al año, que los propios atentado terroristas. Delitos de Violencia en el Ámbito Familiar; Delitos de Homicidios, etc.…

Todos los tipos penales, anteriormente relacionados, afectan directamente al ciudadano, o sea, el integrante base, y especie más común, de la sociedad. En todas esas infracciones penales están presentes, en mayor o menor grado, las drogas. La inmensa mayoría de robos cometidos en España son cometidos por adictos a las drogas, principalmente a la heroína y a la cocaína. Casi no existe el Robo Famélico -sustracción de alimentos para comer- Estos adictos, llamados vulgarmente “yonkis”, son casi siempre los protagonistas de los muy frecuentes robos en el interior de vehículos, tirones, y “sirlas”. Se le llama sirla, en el argot policial, al clásico robo a punta de navaja en una esquina o vía pública; en fin, lo que técnicamente es un robo con intimidación, también llamado atraco.

Del botín o fruto del delito, estos consumidores y adictos obtienen objetos que venden para poder adquirir posteriormente, con el dinero de la venta, su dosis de droga. En otras ocasiones, y según la zona del país o el botín concreto del robo, éste es usado como trueque directo por la sustancia estupefaciente prohibida objeto del consumo.

En los Delitos Contra la Seguridad Vial tampoco se escapa la sospecha de la droga, no en vano, entre otras modalidades de este delito está la de conducir vehículos a motor bajo las influencias de bebidas alcohólicas o de sustancias estupefacientes. No obstante, la detección policial de ingesta de estas sustancias, por parte de conductores, es algo complicada en España. Son muy escasas las unidades policiales que disponen de medios de detección homologados para drogas. Para la detección de ingesta de bebidas alcohólicas no hay problemas, todas las unidades policiales, con competencia directa en la persecución de esta infracción, poseen medios bastantes para tal fin. Por cierto, la ingesta de alcohol por parte de conductores de vehículos a motor, y de ciclomotores, puede también ser perseguida en la vía administrativa. En este caso, incluso si el conductor maneja un vehículo de tracción animal.

En nuestro país, son cientos, y quizás miles, las personas que cada semana son detenidas y/o imputadas por conducir bajo la influencia de bebidas alcohólicas, especialmente los fines de semana en horas nocturnas. Pues bien, no se llamen a engaño, muchos, pero que muchos de esos conductores beodos, no solo son consumidores de “agua de fuego”, también suelen ser consumidores de drogas prohibidas, especialmente cocaína, heroína, hachís, marihuana y otras de tipo sintético.

Droga aquí; droga allá…
No crean que solo los jóvenes son los que consumen drogas los fines de semana, no que va, ¡ojalá solo fueran ellos! Además, ¡ojalá solo se consumieran durante los fines de semanas! El consumo de estas sustancias está extendido en un amplio abanico de edades, así como de profesiones y estatus sociales. La droga no tiene fronteras de ningún tipo.

Lamentablemente y con vergüenza, debo dar un “repaso” sobre los agentes policiales que consumen sustancias estupefacientes. Cada día son más. Las circunstancias hacen imposible obtener datos certeros de este extremo. Esto es algo que pocos admiten en público, si bien algunos desvergonzados presumen de ello. De todos modos, para mí es tan indeseable el agente que admite ser consumidor, como aquel que no lo admite, pero la consume “furtivamente” fuera de las vistas de terceros.

Este es un tema peliagudo del que nadie quiere hablar, y menos, en “abierto”. Ni mandos policiales, ni políticos ni las administraciones hablan del tema, además, mejor será. Por culpa de unos pocos, -en cualquier caso, demasiados- el sistema se caería en “picado”. No por ocultar el problema vamos a evitarlo o exterminarlo, y pueden creerme: es un problema en alza.

Por desgracia, en la sociedad actual demasiadas veces se premia, NO al que ES, sino al que PARECE que ES. Este injusto principio se ha transferido a todos los segmentos sociales, y por ende, a las propias instituciones policiales, donde, a menudo, vemos como se premia a los que PARECEN buenos Policías, en vez de a los que SON realmente eficaces, buenos y honrados Policías. Seguro que ustedes conocen ejemplos de esto, ¿verdad? Algunos de esos que solo parecen “buenos”, copan los puestos clave.

Doble Moral
En el seno de las propias instituciones policiales se viene venializando el consumo de drogas. Vemos, con demasiada frecuencia, como agentes de Policía -no necesariamente consumidores- obvian infracciones de consumo de drogas o la tenencia de pequeñas cantidades de ella. Por cierto, y por si alguno no es conocedor de ello, o lo ha olvidado: en España, el consumo o tenencia de sustancias estupefacientes o psicotrópicas, está prohibido incluso cuando la tenencia sea en cantidad mínima para consumo propio. La infracción de esta norma se persigue en la vía administrativa, siendo la principal sanción a imponer la de tipo económico. Naturalmente, esa tenencia solo es ilícita si se detecta en vías, lugares, transportes o establecimientos públicos. Cuando la gente habla de que en nuestro país se despenalizó el consumo de drogas y la tenencia para consumo, tiene razón. Despenalizar es no perseguir en vía penal, por ello solo se persigue, como recuerdo arriba, en la vía administrativa.

Tan desmesuradamente se está extendiendo el consumo de toda clase de drogas, que ha afectado incluso a la Comunidad Policial -me reitero, pero ahora me explayo-. Está tan extendido el consumo de drogas en la sociedad, que en muchos casos ha provocado desidia y desgana en los perseguidores de la infracción. El Policía, muchas veces, cree que la guerra está perdida, y cae en la desidia. En otros casos, más tristes y preocupantes, son los mismos funcionarios encargados de velar por el orden y la Ley los que las consumen. Unos cuando las descubren en su labor profesional diaria, pero otros llegan al cuerpo policial con esos malos hábitos; cosa está última muy fácil de entenderse, pues el joven opositor a Policía proviene de esa “general sociedad” de la que hemos hablado al inicio.

Afortunadamente, y aún existiendo cada vez más agentes consumidores de sustancias prohibidas, la inmensa mayoría, NO las consumen.

En ocasiones he hablado de estos temas con otros Policías, unos eran consumidores, si bien, ante mi, jamás lo han reconocido. Otros policías eran serios, honrados y honestos Policías que solo opinaban al respecto. De mis conversaciones con todos ellos, he llegado a sacar conclusiones muy preocupantes. Así pues, los agentes que consumen estas sustancias “a escondidas” , defienden su derecho a hacer en su tiempo libre todo aquello que quieran, máxime, si además no es delito -en este caso, no lo es, pues el consumo de drogas solo es infracción administrativa y eso, además, siempre que se haga en lugares o espacios públicos-

La opinión de muchos compañeros NO consumidores, es variada. Muchos de ellos creen que siempre que no les afecte a ellos, en sus horas de trabajo…: que cada cual haga lo que quiera. Otros no están conformes con la opinión antes reflejada, y por ello se pronuncian contra el mal hábito del porrito en manos de un Policía, pero se pronuncian con “la boca chica”, y no en público, pues saben que la cosa está más extendida de lo admisible y visible. Con un pronunciamiento beligerante y díscolo, pueden “sobrevenir” consecuencias negativas.

Otros, los menos, se muestran en contra de todo contacto ilícito en la mano de un Policía, manifestándose en ese sentido en cada oportunidad que se le presenta, si bien, esto, solo repercute negativamente en aquel que “navega contra corriente”. Estos agentes, abiertamente díscolos suelen ser desacreditados con malas artes e invenciones. ¡Que difícil es nadar contra corriente! Nunca fue fácil. Lo que sí debe resultar fácil es sumarse a la mayoría, a los que pueden hacer daño. Esto es cobarde pero cómodo, ¡por qué hacer lo difícil!

Aquellos que defienden la teoría de que el Policía debe y puede hacer lo que quiera cuando NO esté de servicio, -con respecto al consumo de drogas- opinan lo que ya dijimos antes: que NO es delito y por tanto, en sus casas pueden, legalmente, consumirlas.

Pues bien, es cierto. En un domicilio es lícito el consumo, no podemos decir lo contrario. Pero yo, voy más allá. Atentos. Un ciudadano cualquiera, o sea, un particular que tenga cualquier profesión, que no sea la de funcionario policial, -y otros funcionarios con la especial obligación de perseguir delitos o promover su persecución-, podrá perfectamente consumir, voluntariamente, drogas en su casa o en la casa de un tercero, hasta ahí, todo legal, todo correcto. Pero si el Policía consume drogas en su casa, y estando franco de servicio, digo yo: ¿De donde sacó la sustancia objeto de su consumo? ¿La compró…? ¿La recibió como dadiva…? ¿La encontró en la vía pública…? ¿No la entregó junto a un acta de aprehensión cuando la encontró en un cacheo…? Hay más posibilidades.

Desde mi punto de vista, cualquier de las posibles respuestas a esas preguntas, involucraría al Policía consumidor en un delito, en el mejor de los casos, en una falta penal.

Veamos. Si el funcionario la compró, cometió, como poco, un presunto Delito de Omisión del Deber de Perseguir Delitos o de Promover su Persecución (art. 450 C.P.), toda vez que, como Policía, al saber de la existencia de un vendedor y este mismo proponer una venta de drogas al agente, éste debió detenerlo. Recordemos que cuando un agente policial, aún estando fuera de servicio e incluso fuera de su demarcación policial, detecta la existencia un acto con caracteres de delito, debe, y digo DEBE: intervenir del modo más eficaz y seguro. Un particular PODRÁ, o sea, tendrá derecho a ello, pero el Policía, está OBLIGADO y tiene obligación de hacerlo.

Ante la respuesta a otra de las preguntas, igual. Si la droga la recibe como regalo, debe proceder del mismo modo que si existiera transacción económica de por medio. La dación de droga es delito Contra la Salud Pública (art. 368 C.P.), toda vez que promueve, favorece o facilita el consumo de esas sustancias. No quiero ya pensar si esa sustancia, aún en cantidad mínima para consumo, se recibe como cambio de algún acto o propósito del agente policial; si acaso, la compra de la voluntad en su condición de Agente de la Autoridad. En ese caso quizás estaríamos, muy posiblemente también, ante Delito de Cohecho.

Si el agente se quedara para sí la sustancia intervenida con ocasión del desempeño de su cargo, podríamos encontrarnos ante un posible Delito de Infidelidad en la Custodia de Documento (art. 413 C.P.), quien sabe si también ante un Delito Contra la Administración de Justicia: por ocultar pruebas de un ilícito. Esa ocultación podría derivar en dos motivos: el consumo por el propio agente o la “devolución” de la sustancia a los circuitos de venta.

Quizás, si la droga hubiera sido hallada de modo casual en la calle o en cualquier otro lugar, podríamos estar ante una infracción penal Delito o Falta. Según sea valorada, la droga hallada, en más de 400 euros o en menos de esa cantidad, podría determinarse si se está ante un Delito o Falta de Apropiación Indebida (artículos 252 y 623,4 C.P.) El que encuentra algo que no le pertenece y NO lo entrega a la autoridad, y se lo queda para sí, comete el tipo penal antes descrito. Algunas sentencias lo vienen denominando como Hurto de Hallazgo. Por cierto, si la cantidad de droga hallada y “quedada” para sí, tuviera un valor de 400 euros, la cosa, además, nos podría llevar a otro Delito Contra la Salud Pública. 400 euros de droga, sean de la sustancia que sea, indican un peso o cantidad que, a juicio de cualquiera, no está destinada al autoconsumo, sino al tráfico. Esto mismo podría pasar si el precio fuera de menos de 400 euros, pero la cantidad de droga fuera mayor a la que el sentido común indica como de consumo propio.

Concluyendo

Para acabar, creo que nadie en su sano juicio puede afirmar que las drogas, legales o ilegales, son beneficiosas para el ser humano -excepto las legales que son prescritas y administradas médicamente- Tampoco a la sociedad le aportan nada positivo, pues muchos de sus males llegan de la mano de la droga, en unos casos por la vía del consumo, y en otros casos por la vía delictiva del tráfico o mercadeo de esas sustancias. Además, las necesidades psicofísicas de quienes son adictos a las drogas, a veces, obligan a cometer todo tipo de ilícitos penales para alcanzar la consecución de la ansiada sustancia. Muchos son los delitos que se comenten en “nombre de la droga”

El más típico delito cometido, con el fin de conseguir dinero para adquirir drogas, es el robo. Muchos incluso se escudan en sus insanos hábitos para justificar actos delictivos violentos, o buscar beneficios jurídicos tras una imputación judicial. Ahora, a bote pronto, se me viene a la mente el triste caso del asesinato -cercano en el tiempo- de la sevillana, menor de edad, Marta del Castillo, la cual ha desaparecido tras perpetrase su homicidio. Los homicidas imputados han alegado que estaban bajo los efectos de diversas sustancias estupefacientes en el momento en que quitaron la vida a la interfecta.

Algo que es usado mil y una veces como “instrumento” para cometer delitos, y cuya propia existencia es ilícita, nunca jamás puede aportar nada beneficioso. Los que tienen la especial obligación de perseguir el delito, nunca jamás deben desfallecer en el intento.

Rematando el tema de agentes policiales que pudieran consumir drogas, decir lo último: en todos los reglamentos de régimen interno de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad se establecen infracciones administrativas disciplinarias, y el consumo de sustancias estupefacientes de modo habitual, fuera o dentro del servicio, constituye infracción grave o muy grave, -dependiendo de si se está o no de servicio cuando se consume-. Tal infracción tiene señalada la correspondiente sanción interna, en muchos casos, cercana a lo más duro: la separación total del servicio.

Abogo por que sean activados los mecanismos jurídicos necesarios para permitir a la Administración el control de la posible ingesta de sustancias prohibidas por parte de los funcionarios policiales. Hasta el momento, no existe posibilidad legal de someter a un funcionario a un control de este tipo.

martes, 13 de julio de 2010

EL SUPERPOLICÍA

Ernesto Pérez Vera, un policía local de la Linea de la Concepción al que ya muchos conocéis por sus numerosos artículos publicados en distintas revistas de armas y otras de índole profesional, en su propio blog sobre tiro defensivo, y como no, en este mismo que continuamente nutre y nos enriquece con información de un grandísimo valor para los que nos dedicamos a la seguridad pública o privada, y que desde aquí quiero aprovechar nuevamente para agradecer.
Sí, Ernesto es de esa clase de policías que muchos cuestionan y desvaloran, quizás sea debido a que su gran dedicación y profesionalidad deja muy por debajo a otros.
Sí, es de aquellos policías que saben demasiado para situarlos donde verdaderamente se merecen ya que ensombrece a muchos.
Sí, es ese policía al que le niegan el verdadero lugar que debe ocupar un profesional como el, impartiendo y repartiendo sus conocimientos entre sus compañeros para así conseguir unos niveles óptimos de seguridad para nuestros ciudadanos, y como no, para nosotros mismos.
Sí, es de esos policías que por dedicar tanto a su trabajo lo llaman y se refieren a el de modo despectivo "superpolicía, el que va a salvar al mundo, etc", pues por una vez hay que darles la razón y decirles que sí, que lo es y que está para salvar al mundo, o al menos, a aquellos que necesitan que alguien los salve porque se encuentran en un serio peligro, como ocurrió el pasado día 4 de este mismo mes en el que un hombre que se encontraba a punto de ahogarse en un playa de la ciudad tuvo la grandísima suerte de que ese policía estuviera ese día y a esa hora de servicio, y que sin dudarlo ni un momento se despojó de sus ropas y sus enseres de trabajo y se tiró al agua para salvarlo.
Sí, ese vecino tuvo la suerte de encontrarse con ese superpolicía, el que se cree que va a salvar al mundo, y créanme, lo hizo.
Sí, es de esos policías que aun jugándose la vida para salvar la de otra persona, y nadie más que unos cuantos compañeros reconocerle lo que hizo, sigue con su misma actitud ante su trabajo.
Debo decir, que me entristece que tan heroico gesto no haya salido en ningún medio de comunicación, o sus mandos policiales o políticos no hayan salido a la palestra a comentar públicamente lo que un servidor de ese ayuntamiento, de esa ciudad a hecho por uno de sus vecinos y que del mismo modo le sea reconocido como a cualquier profesional le gustan que le reconozcan lo que no todos están dispuestos a hacer. Puede que esto que estoy escribiendo no sirva de nada, pero tu sabes Ernesto que siento perfectamente lo que te sucede, pero también siento la necesidad de decir en este blog, que SÍ, que eres un superpolicía y que también creo que podemos salvar el mundo, o al menos a aquellos se encuentren en peligro, aunque en ello nos vaya la vida.
ENHORABUENA ERNESTO, MUCHAS FELICIDADES POR TU PROEZA Y QUE VAYAN TOMANDO NOTA LOS POLÍTICOS DE TU CIUDAD Y SUS CIUDADANOS DE QUE CLASE DE PROFESIONALES VELAN POR SU SEGURIDAD. GRACIAS COMPAÑERO, TU GESTO NOS HACE AUN MAS GRANDE DENTRO DE ESTA PROFESIÓN TAN POCO CONSIDERADA POR MUCHOS.

De tus compañeros del GOIP.

lunes, 12 de julio de 2010

¡¡LA POLICÍA LOCAL EN LA GRAN CELEBRACIÓN!!

Agentes de la Oficina de denuncias y atención al ciudadano de la Policía Local de Tarifa (ODAC), de las unidades 092 y agentes del GOIP, conformaron el dispositivo especial que se activó para que los ciudadanos de nuestra ciudad pudieran celebrar con la alegría y el ambiente de festividad que se merece la gran proeza conseguida por los jugadores de nuestra selección.

Cientos de personas se concentraron en la intersección frente a la Puerta de Jerez, en el Paseo de la Alameda y en la calle Sancho IV, donde durante aproximadamente 3 horas estuvieron coreando cánticos y bailes. Como es habitual en nuestro gremio, nos toca trabajar para que el resto de los ciudadanos se puedan divertir, pero tenemos que decir que mientras trabajábamos nos sentíamos dentro del tumulto y hacíamos también de sus celebración, nuestra celebración.

Nuestra mas sincera felicitación a todas las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, servicios sanitarios y bomberos que contribuyeron a que tan gran celebración se culminara sin incidentes desafortunados, más que aquellos sin mas importancia que la que se merecen aquellos descerebrados que pretenden arruinar la alegría de todos, aunque podemos decir que en esta ocasión ganaron los mejores por dos veces y no lo consiguieron.


Cuando todo finalizó y como no podía ser menos, también en la Policía Local de Tarifa hicimos nuestro pequeño homenaje a la mas grande selección del mundo LA SELECCIÓN ESPAÑOLA.

NUESTRA MÁS SINCERA Y ENERGICA FELICITACIÓN A NUESTRA SELECCIÓN, A ESPAÑA Y A TODOS LOS ESPAÑOLES.

sábado, 10 de julio de 2010

EL AGENTE DE LA AUTORIDAD ¿24 horas de servicio?

Por: Ernesto Pérez Vera
Policía

Muchos son los que, erróneamente, creen que un policía o guardia civil, o sea los agentes de la autoridad, siempre están de servicio. Seguro que todos hemos oído decir alguna vez esta frase: un policía está las veinticuatro horas de servicio. Es más, seguro que la manida frase se la han oído, casi siempre, a un agente de policía ¿verdad que sí?

Pues NO, esa aseveración que tanto repiten algunos agentes de la autoridad o incluso ciudadanos particulares, no es cierta, no se ajusta a la verdad. De ser cierta, todos los que somos agentes de policía, de uno u otro cuerpo, o agentes del benemérito instituto, cobraríamos un plus económico en nómina, en concepto de permanente disponibilidad, y eso no es así, por suerte.

Los que continuamente se agarran a la frase de las 24 HORAS, están equivocados desde la base del asunto. Parece que se confunden con la OBLIGACIÓN de todo agente, ESTÉ O NO DE SERVICIO y EN TODO TIEMPO Y LUGAR, de actuar en defensa de la Ley y de la Seguridad Ciudadana (Artículo 5º,4 de la LO 2/86 de 13 de marzo)

Según la Ley Orgánica de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad 2/86 de 13 de marzo, (que no de FYC de Seguridad del ESTADO) todos los miembros de las FUERZAS Y CUERPOS DE SEGURIDAD, (la L.O. deja bien claro que todos los cuerpos policiales pertenecen a las F. y C. S., independientemente de la Administración Pública de la cual tengan dependencia) son agentes de la Autoridad en el ejercicio de sus funciones. Es ahí, en ese momento, -cuando ejercen sus funciones- cuando son investidos con el carácter de AGENTE DE LA AUTORIDAD, ni antes de ejercer sus funciones, ni después de ello (Artículo 7º,1 de la LO 2/86)

Por lo tanto, un agente de policía que esté debidamente identificado durante una acción puramente policial, o sea, ejerciendo una acción legítima del cargo, estará investido del carácter de Agente de la Autoridad, y lo estará, desde ese mismo instante que esté identificado y ejerciendo esa función propia del cargo. Estará por lo tanto investido de dicho carácter, tanto para lo bueno, como para lo malo, o lo que es lo mismo, será Agente de la Autoridad a efectos de protección penal, y del mismo modo se le podrán pedir responsabilidades por la mala praxis profesional, si la hubiera.
En el caso de un agente franco de servicio, es lo mismo. Si estando fuera de servicio, un agente detecta una acción que considera que requiere de la intervención profesional de él, hasta la llegada de agentes que estén de “servicio reglamentariamente nombrado”, DEBERÁ INTERVENIR, y no es que pueda, SINO QUE ESTÁ OBLIGADO A INTERVENIR. Eso sí, del modo que crea más conveniente para preservar su seguridad y la de terceros. Una vez decida actuar, debe hacerlo de la forma que mejor garantice la eficacia de su acción.

Siempre pongo el mismo ejemplo para aquellos que no lo tienen claro, para aquellos que, el estudio, en el mejor de los casos, lo dejaron aparcado. Veamos un ejemplo: un agente fuera de servicio, dentro o fuera de su demarcación territorial de trabajo, -eso no varía nada- está en la cola de espera de una caja de un centro comercial, y después de un tiempo de espera decide no aguardar más tiempo su turno. Decide, por tanto, NO respetar el turno de la cola, y por ello es recriminado, insultado y agredido por los demás clientes.

En este caso, esas acciones violentas irían dirigidas a “fulano de tal”, o sea, a un particular y no a un agente de la autoridad. Es más, aún en el caso de que esté siendo agredido, y este agente se identificara como Policía, no estaría investido del carácter de Agente de la Autoridad, por no estar ejerciendo una acción legítima del cargo. Yo diría más: merecería un reproche ético por dar origen a un conflicto, quizás hasta un reproche legal.

Ahora el ejemplo contrario, nuestro agente, -el del supuesto anterior- ve que un ciudadano, un cliente del centro comercial, no respeta el turno de espera en la caja del Centro Comercial y se cuela a los demás clientes. Estos, los demás clientes, se ofusquen y lo agraden e insultan. Nuestro agente, que está fuera de servicio, quizás con su familia haciendo las compras, SE VE OBLIGADO A INTERVENIR para evitar que linchen al “colón” y le causen lesiones. Por ello, SE IDENTIFICA DEBIDAMENTE MOSTRANDO SU PLACA y/o CARNET A TODOS LO PRESENTES. Una vez identificado, impide que sigan agrediendo al sujeto que no respetó la cola.

Pues bien, desde ese momento que el agente franco de servicio se ha identificado, y lo ha hecho para ejercer una función propia del cargo, por la obligación que tiene de ello, desde ese mismo momento, ya está investido del carácter de Agente de la Autoridad. Desde ese instante, cualquier ataque físico o verbal, contra él, sería punible bien por delito de atentado y/o resistencia o por falta penal, por ejemplo: por falta de respeto y/o desobediencia leve (art.634 C.P.)

No hay que olvidar que cuando el atentado se produce con armas u objetos especialmente peligros, y a los solos efectos de protección penal, ese agente víctima del atentado, tiene carácter de autoridad (Art.7.2 Ley Orgánica 2/86)

Un detalle importante a tener presente es que, el agente que estando o NO ESTANDO de servicio, dejara de atender una actuación en la que se detectaran indicios bastantes para creer que se está perpetrando un delito, podría ser acusado del delito de Omisión del Deber de Perseguir Delitos o Promover su Persecución (Artículo 450 Código Penal)■

REVISTA WAR HEAT INTERNACIONAL MES DE MAYO 2010