POLICÍA LOCAL DE TARIFA (Página no oficial)

miércoles, 23 de febrero de 2011

TEST balístico casero: rebotes y transferencia de energía (Iª parte)

Por:Ernesto Pérez Vera
Instructor de Tiro Policial y Defensivo

En su momento redacté un artículo sobre mis experiencias balísticas sobre Gelatina, y en él dejé plasmadas las conclusiones evidentes que las pruebas dejaron al descubierto. Usando una pistola semiautomática del calibre 9 m/m Parabellum, se dispararon cartuchos montados con una gran variedad de proyectiles policiales. A grosso modo, esto es lo que se pudo comprobar sobre la Gelatina: los proyectiles convencionales de plomo, semi-blindados y blindados sobrepenetraron en exceso y no transfirieron suficiente energía como para ser considerados eficaces en la provocación de heridas de entidad mayor. Sin ser un proyectil convencional, el Frangible tampoco transfirió mucha energía a la Gelatina, y también sobrepenetró en exceso.

Por contra, los cartuchos montados con proyectiles deformables o expansivos, como los de Punta Hueca o similares, no penetraron tanto como los convencionales, solo lo justo, y además se deformaron tras el impacto. Con la modificación de su forma aumentaron su sección, y con ello consiguieron una mayor transferencia de energía en la Gelatina. Con estos resultados se producen canales superiores en las heridas. Esos canales son los conocidos como cavidades permanentes y temporales (las cavidades temporales quizás merezcan un matiz aparte). En la Gelatina se pueden estudiar y ver, muy claramente, las cavidades permanentes. También se puede medir el recorrido total, e interno, que el proyectil alcanza en el cuerpo impactado (en este caso Gelatina). Por cierto, lo ideal es, según los estudios científicos del FBI, 28 centímetros en un cuerpo humano.
(Ver:http://tirodefensivocampodegibraltar.blogspot.com/2009/08/proyectiles-de-uso-policial-y-sus.htmldegibraltar.blogspot.com/2009/08/proyectiles-de-uso-policial-y-sus.html)

Como la Gelatina tiene un coste económico muy elevado para un particular, y requiere de mucha labor en su preparación, y además el cuerpo humano al nacer es agua en un 75% aproximadamente, decidí, sin mucha parafernalia científica –ninguna-, disparar sobre agua estancada en un bidón. Más casero imposible. Lógicamente, hay que salvar muchas diferencias: el cuerpo humano es, en la edad adulta, agua en un 60% (menos que al nacer), pero ese agua no permanece estancada en puntos concretos de la anatomía. Las células humanas son las principales portadoras, y conservadoras, de ese agua (agua intracelular). El resto del agua es la extracelular, pues baña a todos los tejidos y circula por la sangre.

En una finca privada se dispuso de los medios materiales “científicos” necesarios para el test: el bidón de 200 litros de capacidad, el agua y una plataforma elevada de tres metros respecto al suelo. Desde la altura que daba un muro, se dispararon, contra el agua, numerosos cartuchos diseñados para uso policial. Para evitar la fractura del fondo del bidón, en caso de que algún proyectil estuviera “sobre alimentado”, se colocó en el interior del mismo, y en el fondo, una plancha de acero que pudiera detener a los proyectiles excesivamente “animados”.

La prueba se efectuó en “V3”, -distancia de 3 metros entre el agua y la boca de fuego- El arma empleada fue una pistola Glock-26, y el elenco de munición fue el siguiente: Fiocchi Black Mamba 100grs, Geco Action de 84grs, SeCa 99grs. de Ruag, Fiocchi EMB 92grs, Semiblindado Sellier & Bellot 124grs, Frangible Greenshield Simunition 82grs, Fiocchi ZP 100grs, Blindada de Santa Bárbara 116grs, Remington Disintegrator con proyectil Jacketed 100grs, Remington Golden Saber 147grs, y otras puntas huecas recargadas de Hornady y Winchester, ambas de la serie XTP 124grs. de sus respectivas firmas.

La prueba iba demostrar lo que yo ya conocía: los proyectiles convencionales no se deformarían, y algunos alcanzarían, con cierta velocidad, el fondo del barril, eso sí, tras el golpe final no presentarían deformación, si acaso leve. Se cumplió. Los proyectiles blindados de Santa Bárbara no se deformaron prácticamente nada, y seguramente, lo poco que lo hicieron, lo fueron tras golpear en la placa de acero que se hallaba en el fundo del bidón. Las puntas Fiocchi Zero Pollution, las ZP, no se deformaron nada en absoluto. Las Frangibles de Simunition quedaron intactas, no se perdió ni un “grano”. La semiblindada de S&B se deformó levemente, señal de que pudo, como la blindada, tocar el fondo de acero con cierta velocidad. El caso de ésta última punta, y de la blindada, evidencia sobrepenetración: los proyectiles tocaron, con suficiente velocidad, el fondo de acero del enorme bidón de 200 litros de agua.

El tema de la sobrepenetración debería tenerse más en cuenta por las instituciones con carta en estos temas. Las puntas que son capaces de traspasar objetivos y mantener energía para alcanzar otros, son muy peligrosas. Entre los proyectiles convencionales, el rey de peligro y riesgo de daños colaterales, por sobrepenetración, es el blindado o FMJ. Es precisamente el que más se usa entre los agentes policiales, en unos casos a nivel privado y en otros a nivel oficial de dotación. A la mente se me viene el triste suceso acaecido, en diciembre del año 2006, en la Academia de la Guardia Civil de Baeza: un profesor de tiro, por accidente, disparó un proyectil blindado contra uno de sus compañeros docentes, y ese proyectil, tras cruzar el tórax del agente, alcanzó de lleno el corazón de un alumno. Con mucha seguridad, me atrevo a decir que otros proyectiles nunca hubieran llegado a tanto. El suceso lo protagonizó una bala blindada de 9 m/m P. Por cierto, tras eso, y seguidamente al incidente, al mismo instructor se le “escapó” otro disparo que hirió en el pie, de modo leve, a otro alumno. En resumen: un herido leve, otro muy grave y otro fallecido, y los dos últimos por una misma bala…

Continuamos con la exposición del trabajo hidráulico. Los proyectiles expansivos, entre ellos los de punta hueca, no solo acabaron completamente abiertos el fondo del bidón, sino que, al impacto con el agua, siempre desalojaron cierta cantidad de líquido. Esto último, el desalojo de agua tras el impacto, es algo que no se consiguió con las puntas convencionales: no salpicaban prácticamente agua, por tanto, no transferían energía en buena o gran cantidad. Todos estos proyectiles quedaron expandidos totalmente. Fueron especialmente “brutales”, por el desalojo masivo de agua, los impactos de los SeCa, Geco Action-1, Golden Saber, Desintegrator, EMB. Me sorprendió mucho el resultado alcanzado por los cartuchos italianos Black Mamba. Estos cartuchos de Fiocchi se abrieron completamente, quedando cual moneda aplastada pese a que, en principio, su estructura no presentaba aspecto expansivo. Impactaron con energía en la placa de acero que se situaba en el fondo del bidón: dejaron marcado el impacto. El cuerpo de este proyectil está construido con una mezcla de zinc y de cobre, y al ser de peso muy liviano impactaba a una gran velocidad, y con muchísima energía. Del proyectil Desintegrator solo fue recuperada la camisa o envuelta metálica, su contenido pulverulento se “perdió” en el líquido, pero también desalojó mucha cantidad de agua en el impacto.

Creo que a nadie se le escapa que si un proyectil alcanza casi el doble de su diámetro, de modo homogéneo tras el impacto, y sin perder masa, producirá heridas de mayor entidad que aquellas puntas que no se deforman al impactar, a iguales distancias y en el mismo tipo de objetivo. Eso sí, aquí, al tratarse de líquido y disparándose en vertical, no se puede saber en que punto se hubiera detenido el proyectil en su recorrido total: por pura inercia y gravedad, todos los proyectiles terminaban apilados en el fondo del bidón. Tampoco podremos saber en que momento comienzan a expandir las puntas deformables. Pero bueno, esto es lo que es, una prueba “casera” que seguro hace pensar a más de un usuario.

Otro factor ha sido estudiado caseramente con respecto al comportamiento de los proyectiles: los rebotes. Sobre una plancha de acero impenetrable, por su enorme grosor, disparé, también con una Glock 26, varios tipos de proyectiles: SeCa, ZP –Zero Pollution de Fiocchi-, Frangible y FMJ –blindado-. La distancia de tiro fue de 3 metros.

El resultado de cada disparo fue distinto según el ángulo de incidencia del proyectil sobre el cuerpo metálico. Cuando se disparó en ángulo aproximado de 90º, la punta SeCa se deformó completamente sin perder masa alguna. El proyectil fue localizado en el suelo, y justamente debajo del punto de impacto. Cuando se probó con la frangible, nada pudo ser recuperado de modo sólido. La punta se pulverizó por completo. La punta ZP, que según Fiocchi posee cierta propiedad frangible, se descompuso en pequeños trozos de camisa y estaño –el núcleo es de ese material-. Los pequeños fragmentos que quedaron de la ZP, en mi opinión, pueden ser lesivos, pero no letales. No es, para nada de nada, frangible. Creo que los pequeños fragmentos de la ZP podrían producir, en el sistema ocular, lesiones graves o muy graves. Estos fragmentos quedaron esparcidos ante la zona de impacto, pero justo bajo ella.

Por último, del FMJ o blindado no fue localizado fragmento alguno de la punta. Seguramente se descompuso en pequeños y medianos fragmentos de plomo y latón, pero no fue posible localizar nada. Los fragmentos, muy probablemente, se confundieron con el entorno del escenario en el que se realizó la prueba. Lo dicho, todo es casero…

Cuando se disparó en ángulo de impacto de entre 45º y 60º, contra la misma superficie metálica y a la misma distancia, se consiguió el resultado esperado: todos los proyectiles rebotaron, incluido el frangible. Todas estas puntas fueron a detenerse contra la misma zona de un talud de barro. En mi opinión, esos proyectiles poseían capacidad lesiva letal. Estas balas, incluso las frangibles, fueron recuperadas achaflanadas pero conservando toda su masa.

Con munición FMJ de las marcas Sta. Bárbara, Fiocchi y Remington, y con cartuchos SeCa, disparé también contra bloques de hormigón que tenían una capa de cemento enfoscado. Para esta prueba, la distancia fue de 5 metros, y el resultado acabó siendo, a grosso modo, el esperado: las puntas FMJ rebotaban contra el enfoscado de cemento, sin que el proyectil perdiera masa, quedando totalmente deformado de un modo muy homogéneo el proyectil. Sin embrago, cuando el enfoscado se caía (por la fuerza de los sucesivos impactos), y quedaba al descubierto el bloque de hormigón “desnudo”, la punta FMJ siempre penetraba la primera “pared” del bloque. En este segundo caso, el proyectil, tras atravesar los granos de hormigón, se descomponía en camisa y núcleo de plomo, perdiendo gran parte de su masa.

En las mismas circunstancias se usó munición suiza SeCa del Grupo Ruag, siendo éste el resultado: casi idéntico al caso de la munición blindada/FMJ. ¿Qué se desprende de esta observación?, muy sencillo, que la punta SeCa, como difunde el fabricante, ante cuerpos “blandos”, como el humano, transfiere mucha energía mediante la deformación controlada y homogénea de la punta. Pero ante cuerpos duros, como el acero o el hormigón, se comporta como un blindado: se “entaca” y tira “palante…”

Para finalizar, decir que el proyecto de Real Decreto del nuevo Reglamento de Armas, que con seguridad será aprobado tal cual se presenta en el borrador, prohíbe el uso, tenencia, compraventa y publicidad de los cartuchos que montan proyectiles EXPANSIVOS, así como los simples proyectiles, siempre que sean destinados a ARMAS CORTAS para PARTICULARES. Ahora, lamentablemente, se amplía la prohibición. El Reglamento de Armas aprobado por RD 137/1993 (en vigor aún, pero por poco tiempo) prohíbe lo mismo que el borrador al que se hace referencia, pero solo si se trata de proyectiles de Punta Hueca (que poseen una oquedad física en la cabeza y que administrativa y burocráticamente posean esa catalogación ministerial) y de proyectiles Dum-dum (modificados artesanalmente para que expandan por encima de previsto)

Hasta ahora se escapaban de la “quema”, si se poseía habilidad burocrática, los proyectiles “no huecos” que, por su configuración o composición, expanden tras el impacto en superficies o cuerpos blandos. Ahora no, ahora esos también son defenestrados al abismo. Una pena. Parece que los asesores de los redactores de las normas no se van a enterar nunca. Las puntas expansivas (sean puntas huecas o no) sobrepenetran menos, reducen en cierto grado el riesgo de rebote, y sobre todo, casi siempre, con menos impactos sobre una persona se pueden producir “fueras de combate” en menor tiempo. Esto último reducirá el número de disparos que tengan que recibir los tipos a los que nos veamos obligados a disparar.

Por último, y para acabar, quiero dar las gracias públicamente a mi amigo F. Acosta, pues sin su bidón, su agua y su finca, no hubiera podido disfrutar del “experimento”. También es de justicia mencionar a Eugenio M. Fernández Aguilar, Profesor de física y entusiasta de su profesión. Eugenio deseaba estar presente en la pruebas, pero no fue posible, aún así, ha seguido el trabajo antes de su publicación. El profesor administra un buen blog sobre física: http://www.cienciaxxi.com/ ■

domingo, 6 de febrero de 2011

¿A la cabeza, al pecho o a una pierna…?: No siempre podremos alcanzar la zona deseada. ¿Adónde dirigir nuestros disparos…?

Por: Ernesto Pérez Vera

Entre los profesionales del tiro policial se escribe, y se debate mucho, sobre las heridas provocadas por las armas de fuego. El fin de los disparos policiales, casi siempre, es provocar la incapacidad de una persona de la forma más inmediata posible. Nada fácil. Existen muchas teorías al respecto. Algunos consideran que el calibre del arma es lo más importante. Otros creen que el tipo de proyectil, su peso o su velocidad son los únicos o principales factores que se deben tener presentes a la hora de provocar, con uno o pocos impactos, heridas que lleven al fuera de combate a un adversario de modo rápido. Por cierto que, desde el punto de vista policial, lo que siempre se pretende es parar o detener una agresión hostil grave. Nunca se pretende acabar con una vida, si bien, esto último nunca será controlado por el sujeto activo del disparo.

Un disparo dirigido a una zona que no es vital, en principio, puede provocar, si no en el acto, sí con posterioridad, lesiones incompatibles con la vida. Además, se debe saber algo: el hecho de dirigir un disparo a un determinado sitio, o zona concreta del cuerpo de un adversario, no implica que finalmente se impacte en esa zona seleccionada. Muchos son los factores que pueden estudiarse, y que de hecho intervienen, en relación a la zona apuntada o dirigida y la zona finalmente impactada. Habría que distinguir, y éste debería ser el verdadero debate, entre el impacto que súbita e instantáneamente produce incapacitación total, por muerte; y el impacto que provoca la muerte pero no en el instante del impacto, sino después, siendo ese “después” algo indeterminado: tras segundos, minutos o días…

Nota: Durante la época de la conquista del Oeste americano –se guardan numerosos archivos que lo acreditan- muchas personas, tras ser heridas en enfrentamientos armados, con armas de fuego, fallecían incluso cuando las heridas producidas no eran graves, y no afectaban a órganos vitales. Esas muertes se producían, casi siempre, días después de ser producidas, y por infección grave.

Como decía Javier Pecci, en su fabuloso artículo: Siempre que disparamos un arma, hay que asumir una posible muerte, “…Cuando se efectúa un disparo contra alguien, o incluso, cuando se efectúa un disparo intimidatorio al aire, el agente que lo lleva a cabo debería asumir, siempre, que ese disparo puede provocar daños o lesiones, e incluso la muerte; aunque ese no fuese el deseo o la intención, cuando aquel se vio obligado a realizar ese disparo...”

Factor Hormonal y Psicológico
La realidad es que la verdadera eficacia de un proyectil radica, no tanto en el calibre y/o tipo de punta/proyectil, sino en la zona del cuerpo alcanzada. No obstante, el cuerpo humano durante una situación límite como es un enfrentamiento armado, en el cual una persona advierte que su vida, súbitamente, entra en inminente peligro, experimenta, de forma autómata, una serie de cambios hormonales que él mismo no controla. Es la propia naturaleza la que, de modo automático, y mediante el Sistema Nervioso Simpático, se encargará de preparar organismo para sobreponerse a las heridas o retrasar sus efectos. Para que eso ocurra, serán segregadas diversas hormonas. De modo voluntario, jamás el ser humano podría alcanzar el elevadísimo número de hormonas que, inteligentemente y en el momento adecuado, segregará el cuerpo en esas situaciones de “vida o muerte”. Esto ya se vio ampliamente en otros temas de este temario.

Con lo anterior, se pretende decir que NUNCA un proyectil se va a comportar del mismo modo en un cuerpo que está prevenido del ataque, que en un cuerpo impactado sin que la víctima esté previamente advertida.

Puede influir, sobremanera, otro factor: el psicológico. Una persona que se ha preparado, no solo táctica y físicamente sino también mental o psicológicamente, para el enfrentamiento, podrá extraer, de sí mismo, el máximo rendimiento del instinto animal de supervivencia que aún sigue viviendo en todo ser humano. Ese instinto es innato y todos los seres humanos lo tienen dentro, va en los genes; pero unos lo tienen a flor de piel y otros lo tienen más escondido, pero todos lo poseen. Todos tenemos aún una porción de cerebro reptil.

Cerebro reptil: es parte más primitiva de nuestro cerebro, y se encarga de los instintos básicos de la supervivencia -el deseo sexual, la búsqueda de comida y las respuestas agresivas tipo “pelea-o-huye”. El cerebro humano está formado por varias zonas diferentes que evolucionaron en distintas épocas. Cuando en el cerebro de nuestros antepasados crecía una nueva zona, generalmente la naturaleza no desechaba las antiguas; en vez de ello, las retenía formándose la sección más reciente encima de ellas. Esas primitivas partes del cerebro humano siguen operando en concordancia con un estereotipado e instintivo conjunto de programas que proceden tanto de los mamíferos que habitaban en el suelo del bosque como, más atrás aún en el tiempo, de los toscos reptiles que dieron origen a los mamíferos.

Una persona debidamente mentalizada de que puede ser víctima de un ataque mortal y, a la vez, plenamente consciente de que llegado el caso tendrá de acabar con la vida de otro ser humano, podría tener el instinto animal de supervivencia presto para ser usado.

Quizás una forma instintiva y natural de sobrevivir sea la de huir del encuentro o del enfrentamiento. Quizás esa sea la primera orden del cerebro, pero a veces no será posible cumplirla, bien por causas indeterminadas o bien por la especial obligación legal y profesional del atacado.

Visto lo anterior, esa persona que en el momento del enfrentamiento es herida, pero es capaz de hacer “disparar” su instinto de supervivencia, podría seguir combatiendo mientras soporta heridas de las que quizás ni se ha percatado aún. Del mismo modo, una persona que no pudiera o supiera “usar” el instinto animal de supervivencia, podría quedar bloqueada mental y físicamente en el momento de ser atacado o en el momento de sentirse herida.

Por lo expuesto en el párrafo anterior, debe entenderse que un ser humano entrenado mentalmente, tendrá más opciones de salir airoso de un enfrentamiento armado aún cuando, de cierta gravedad, ya se halle herido. Por el contrario, una persona que jamás se planteó la posibilidad de ser herido o la posibilidad de tener que matar a otro ser humano, podría quedar con sus capacidades cognitivas muy deterioradas. En este segundo caso no se podría responder eficazmente al sentirse atacado, o incluso herido de modo no grave.

Aunque no corresponda directamente a este tema, vamos a tratar de aclarar una idea que no siempre se tiene digerida en el cerebro: el uso del arma de fuego –contra personas- por parte de los agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y, en general, por parte de cualquiera que posea alguna licencia de armas, solo estará justificado, de modo legal, cuando la vida o integridad física del que dispara, o de una tercera persona, está en grave riesgo. Eso sí, el riesgo ha de ser inminente en el tiempo, o sea, justo en el momento que se dispara, NO antes. NO existe causa legal para disparar a alguien después de que desaparezca ese GRAVE riesgo. El disparo ha de ser coetáneo con el ataque grave que se pretende detener.

Analicen esta definición de legítima defensa y mediten sobre ella: “el defensor debe elegir, de entre varias clases de defensas posibles, aquella que cause el mínimo daño al agresor –naturalmente, se elegirá entre los medios de que dispone en ese preciso instante-. Pero para ello NO tiene que aceptar la posibilidad de daños a su propiedad o lesiones en su propio cuerpo –no necesariamente debe haber sido herido para rusticar su defensa-, sino que ESTÁ LEGITIMADO para emplear, como medios defensivos, los medios objetivamente eficaces que permitan esperar, con seguridad, la eliminación del peligro –medio que garantiza la eficacia-." (Roxin, C., Derecho Penal. Parte General…, T. 1, edit. Thomson Civitas, Madrid, 2003, p.628/9).

Impactos que alcanza la cabeza
Para el estudio de los impactos en la cabeza, ésta habría que dividirla en tres zonas bien diferenciadas, pues según la zona de la cabeza en que impacte el proyectil y la velocidad con la que llegué al órgano, podrían producirse lesiones más o menos graves, o incluso la muerte instantánea. Por tanto, dividiremos la cabeza en: cráneo, cara y cuello.

El cráneo es una cavidad hermética y sellada en la que se encuentran órganos tan vitales como el cerebro, bulbo raquídeo y el cerebelo, además de otros. Un proyectil que consiguiera penetrar en la bóveda craneal, debería ser mortal de necesidad. Ha de saberse que algunas zonas del cráneo están “construidas” de huesos macizos especialmente duros, principalmente el frontal, más aún, en edad adulta. Sin embargo otras zonas no son tan resistentes, como es el caso de la zona temporal.
Se conocen muchos casos de proyectiles que no penetraron el cráneo, y que provocaron el rebote del proyectil o incluso permitieron que éste quedara alojado entre el cuero cabelludo y la bóveda craneal. En estos casos, no solo intervino la dureza del hueso sino que seguramente también el ángulo de impacto, peso, tipo y velocidad del proyectil en el instante del impacto.

Si el proyectil afecta a la cara, no necesariamente será mortal. Si lo será cuando el proyectil alcance al Bulbo Raquídeo, en cuyo caso la lesión sería incompatible con la vida. El bulbo raquídeo se halla situado tras la zona superior del rostro, aunque dependiendo del ángulo de entrada del proyectil, -en relación con la posición física que presente el recibidor del proyectil- o de si entra por la parte lateral de la cara, también ese órgano podría verse tocado. Si el proyectil entra por la zona media o baja de la cara, y con trayectoria ascendente, también podría afectarse el bulbo. El bulbo raquídeo es, por tanto, un órgano que de ser alcanzado provoca, de modo inmediato, la puesta en fuera de “combate”. También podría ser alcanzado por la zona nucal, aunque este área no pertenezca a la cara.

Los impactos en la parte inferior de la cara, como norma general, no provocan la muerte, eso sí, si sólo el maxilar y/o la mandíbula se ven afectados y si, además, el herido es atendido rápidamente por los servicios médicos.

El cuello es la otra zona de estudio. Por él pasan grandes vasos sanguíneos, como la vena yugular y las arterias carótidas, las cuales, de ser afectadas por el impacto, provocarían la muerte por hemorragia en un tiempo muy corto. Otros puntos vitales que podría verse afectados, son la Columna Vertebral (zona cervical) y la Tráquea.

Impactos que alcanzan la zona del tórax
En esta amplia zona del cuerpo se encuentran órganos de vital importancia. Si un impacto alcanzara esta zona podría provocar, con facilidad, una rápida muerte.

Los principales órganos ubicados en esta zona del cuerpo, están protegidos por las costillas, las cuales suelen ser fracturadas por los proyectiles que penetren en ese área. Los fragmentos o astillas de costilla son impulsados, casi siempre, por la propia bala durante su recorrido por el cuerpo, actuando a modo de pequeños proyectiles y ocasionando lesiones aún más serias, o agravando las principales.

Cuando el corazón es alcanzado por un proyectil, suele provocar la muerte en muy pocos segundos, y no en el acto. Los impactos que afecten a los pulmones podrían, en muchos casos, provocar la muerte, pero tampoco en al instante. En la misma zona se encuentran ubicadas la vena cava superior, la arteria aorta y las arteria pulmonares, las cuales también podrían, por hemorragia, provocar una rápida muerte de verse afectas por un proyectil.

Si un disparo efectuado al tórax se desviara lateralmente, el proyectil podría alcanzar la arteria subclavial izquierda o derecha (zona clavicular y próxima al hombro), lo cual podría producir también la muerte de modo bastante rápido. Los disparos que afectan a las clavículas podría provocar la inutilización de las extremidades superiores, lo cual no conlleva, necesariamente, la puesta en fuera del combate total de quien recibe el disparo.

Impactos que alcanzan la Región Abdominal
En esta zona del cuerpo, también un impacto podría producir la muerte de modo rápido, principalmente por hemorragia.

En la zona más alta del abdomen se encuentran órganos de gran dureza frente a los impactos, como los riñones. Un impacto que afecte al riñón podría provocar una rápida hemorragia, sobre todo siempre que determinada zona de ese órgano sea afectada por el proyectil. Tanto el bazo como el hígado son órganos altamente vaso dilatados, por ello, una herida que los afecte podría producir, con el consiguiente riesgo de muerte, una enrome hemorragia.

En la zona más baja de esta región están los genitales, en cuya zona un impacto provoca gran dolor, pudiendo alcanzarse un “shock” neurogénico o nervioso. Con ello se puede conseguir un abandono de todo acto defensivo, por parte del afectado. Como norma general, se podría decir que los impactos que dañan la zona inferior del abdomen no provocan la muerte, al menos de modo rápido.

La columna vertebral también podría ser alcanzada mediante un disparo dirigido al abdomen, pero también si es dirigido a la caja toráxica. En este caso podría conseguirse la inutilización del tren inferior, lo cual no impedirá que los brazos puedan seguir siendo usados, por ejemplo, para disparar armas. Por gran parte del interior de la columna, y en un canal existente al efecto, discurre la médula espinal, que en caso de ser “tocada” por una bala, produciría la muerte instantánea.

Es aconsejable que los agentes de las FAS o FYCS que vayan a participar en operativos tácticos, en los que sea predecible el enfrentamiento armado, vaciaran tanto la vejiga como el intestino, (órganos huecos). Teniendo vacíos ambos órganos, antes de entrar en acción, se evitaría que en caso de que un impacto afectara a esos órganos, se produjeran lesiones mayores. Se suele creer que el contacto de la orina, por derrame violento y traumático, con los órganos cercanos, provoca infección y muerte rápida, pero no es así, y no es ese el motivo por que se aconsejan las evacuaciones tácticas corporales.

Las evacuaciones se aconsejan por un motivo más sencillo. Un órgano que está lleno, está tenso, y por ello el impacto de un proyectil provocará una mayor presión y transferencia de energía al impacto y al “cruzarlo”, provocando con ello un mayor destrozo. Un sencillo ejemplo: si se dispara a una bota de vino vacía y a una llena, ¿cual sufrirá mayor daño al impacto?

Extremidades: tren superior e inferior
Los impactos localizados en las extremidades inferiores, como norma general, no provocan la muerte más que en los casos en los que las arterias femoral o poplítea son dañadas. En cualquier caso, los impactos que afectan a las extremidades, rara vez provocan la paralización de una acción hostil. Como mucho impedirán que el sujeto se desplace con facilidad, o mueva los brazos, lo cual no impide totalmente que el herido siga siendo un potencial riesgo.

En cualquier caso, una herida producida por arma de fuego provocará, inevitablemente, pérdida de sangre, incluso si las arterias no son afectadas. Por lo tanto, incluso en esos casos, si el herido no es debidamente atendido médicamente, en un tiempo prudencial, la muerte le podría sobrevenir.

Si la cadera/pelvis es alcanzada por un proyectil, éste podría provocar su fractura y con ello posiblemente se pueda producir la caída del herido, impidiendo, de ese modo, una huída o avance hacia quien está recibiendo el ataque. Esto es muy interesante frente al atacante que esgrime un arma blanca, pero no sería tan “de festejar” si el sujeto porta armas de fuego. Existe riesgo de que la arteria ilíaca sea alcanzada a la vez que la cadera: ello provocaría una rápida hemorragia con el consiguiente riesgo.

Al igual que la cadera, otros huesos de las extremidades pueden ser alcanzados por el proyectil. De producirse la fractura, como mucho se alcanzará una paralización del uso de ese órgano, pero ello no conllevará que el potencial riesgo de ataque sea neutralizado. Tibia, peroné, fémur, húmero, cubito, radio, etc., son algunos de los grandes e importantes huesos que conforman las extremidades, pero aún siendo fracturados por un disparo, permitirán cierto grado de habilidad ofensiva al sujeto.

Si ya es complicado impactar deliberadamente en las piernas durante un enfrentamiento, más difícil, aún, será alcanzar los brazos. No en vano, el tren superior, en personas proporcionadas físicamente, ofrece menos blanco. Se conocen casos de agentes que dispararon a muy corta distancia a delincuentes armados con armas blancas, y pese a la corta distancia, los proyectiles acabaron en el suelo. Además, fácilmente pueden acabar en el tórax los disparos dirigidos a las extremidades superiores, pero sobre todo pueden fallarse.

Para concluir: algunos datos
Se puede decir que casi cualquier órgano impactado o afectado por un disparo podría producir lesiones que, bien de modo inmediato o bien posteriormente, podría desembocar en la muerte. Incluso las lesiones que afecten a órganos no vitales podrían llevar a la pérdida de la vida, si no se recibe atención médica adecuada en un tiempo prudencial.

Esto último, lo de la adecuada y rápida asistencia sanitaria, es primordial para que una persona sobreviva a las lesiones producidas. No obstante, existen heridas o lesiones incompatibles con la vida aún si se recibe atención médica inmediata. Los servicios médicos militares de los Estados Unidos, que poseen amplia experiencia real en combate, han elaborado un ambicioso estudio sobre las heridas de combate y la muerte en el teatro de operaciones. Aún siendo estudios aplicados al ámbito militar, donde no solo se emplean armas largas de fuego convencionales, sino de alto explosivo y otras, usaremos en este tema algunos datos extraídos de esos estudios:

Muertes que se producen en combates terrestres:
31% por trauma penetrante en la cabeza
25% por trauma torácico NO corregible quirúrgicamente
10% por trauma corregible quirúrgicamente
9% por desangrado por hemorragias de heridas en las extremidades
7% por trauma mutilante producido por explosión u onda expansiva
5% por neumotórax por tensión
1% por problemas en las vías respiratorias

· Un 5% morirán por infecciones, sepsis y complicaciones del shock. Hasta hace poco, este porcentaje se duplicaba.

En los datos aportados, resulta muy revelador que un 9% de heridos en las extremidades, pueden fallecer. Debe interpretarse que, incluso heridas en órganos “no vitales” producen la muerte. Tengamos en cuenta algo: los equipos de combate de los EE.UU poseen un alto nivel de entrenamiento, y experiencia, en asistencia urgente de combate sobre sus heridos, y en el propio escenario. Por tanto, ese 9% fue tratado, seguramente, en un tiempo muy prudencial.

Dejamos de lado esos datos. No es recomendable dirigir los disparos a las extremidades o a la cabeza, en ambos casos, habría que tener mucha suerte para alcanzarlos durante un enfrentamiento. No olvidemos que son zonas muy pequeñas y el enfrentamiento será muy rápido y violento, y lo que es peor, seguramente ya estaremos heridos cuando reaccionemos con nuestros disparos. En cualquier caso, un impacto en la cabeza puede provocar la muerte de modo muy rápido, cuando no instantáneamente, y NO es eso lo que pretende, como norma general y en principio, un agente de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que se ve obligado a usar su arma.
Dicho lo anterior, también hay que decir que se pueden dar casos policiales muy concretos que requieran de impactos precisos y directos a la cabeza. Si ese impacto alcanzara al bulbo raquídeo, -harto complicado porque mide en torno a 3 cms.-, la incapacitación sería instantánea. Sería más fácil acertar al bulbo si el disparo lo efectúa un francotirador (sniper).

Lo más inteligente y sensato sería: dirigir los disparos al centro de la caja toráxica del agresor, lo que se viene denominando, de modo no acertado, “centro de masas”. La realidad es que el verdadero y “geográfico” centro de masas de un humano está en la zona de la cintura-vientre, y no en su tórax. Eso sí, dirigiendo los disparos al tórax, irían a la zona más amplia del cuerpo, teniendo con ello más garantía de acertar en una zona rica de órganos importantes. En caso de que los disparos se elevaran, o se desviaran lateralmente -al dirigirlos allí-, como consecuencia de los movimientos del tirador, o del atacante, -amen de otras circunstancias- los disparos siempre quedarían localizados entorno a órganos que podrían producir el fuera de combate en un tiempo relativamente rápido.

Del mismo modo, si los disparos dirigidos al “pecho” se desviaran hacia abajo, casi con total seguridad, se impactaría en la zona baja del cuerpo, pudiendo alcanzar al verdadero “centro de masas”, incluyendo en la zona baja, al tren inferior. Ya sabemos que las extremidades no son la mejor zona para incapacitar al hostil, pero al menos se “tocaría” al enemigo -eso siempre es positivo-. Si el disparo alcanza las piernas, aún no consiguiendo el fuera de combate, es probable que evitáramos que el disparo alcanzase a un tercero ajeno al enfrentamiento, eso sí, siempre que no se produzca la temida sobrepenetración de los proyectiles.

Dicho todo lo anterior, respecto al centro de masas hay que comprender que, en muchas ocasiones, el adversario NO ofrecerá su torso. En muchos casos nuestro agresor solo dejará visible una zona minúscula de su anatomía, por ejemplo: el caso del tirador hostil parapetado y que solo “asoma” parte del cuerpo por el parapeto que usa para ocultarse o protegerse. En esos casos, se debe considerar centro de masas, a los efectos que nos ocupa, el centro “geográfico” del “todo” corporal que ofrece el adversario. Ese “todo” será, en unos casos, una pierna, la cabeza, o un brazo por ejemplo.

Por parte de los cuerpos policiales, sería un gran acierto que la instrucción de tiro policial se realizara con blancos más realistas que no un simple cartón rectangular o circular y numerado. El agente debe entrenar con el máximo realismo posible. Para ello, y entre otras cosas, se deberían utilizar siluetas con contorno o forma humana y con un tamaño proporcionado. Podría ser muy eficaz usar blancos con forma humana y con los órganos señalizados y correctamente localizados. De ese modo, solo a muy corta distancia podrían ser visibles esos órganos. Con un entrenamiento así, el tirador no “contaminará” su entrenamiento con intentos deliberados de “colocar” sus disparos en determinadas zonas del cuerpo o silueta. Así las cosas, el tirador tiraría al “centro de masas” siguiendo las instrucciones del formador, y posteriormente, y en el momento de parchear y verificar los impactos, vería el verdadero resultado y colocación de los disparos que dirigió al blanco.

La realidad es que este tipo de blancos que propongo, en los tiempos que vivimos, no serían aceptados por ciertos sectores políticos y sociales, los cuales solo buscan, demasiadas veces, rédito público mediante eso que llamamos “lo políticamente correcto”. Estas situaciones llegan muchas veces a lo absurdo, olvidando lo verdaderamente importante: la eficacia.

No hay reglas exactas. Conocemos casos de enfrentamientos en los que una persona recibió disparos en zonas vitales, y además con munición potente, y sin embargo no provocaron la muerte. Y por contra, se conocen casos y datos de enfrentamientos en los que la víctima fue impactada en la misma zona y con munición menos potente, y sí consiguieron, en esos casos, acabar con vidas humanas, a veces de modo rápido o instantáneo. El motivo es bien sencillo, quizás en el primero caso el proyectil, aún llegando a su objetivo con bastante potencia, no interesó órganos vitales, aún alcanzando zonas muy cercanas; y con otros proyectiles, aún poseyendo menos potencia o energía, sí que se consiguió afectar a una zona muy determinada y vital. Cuestión de suerte, mala para unos y buena para otros.

Algunos proyectiles, bien por el tipo de arma que la disparó o bien por la configuración del material de construcción, no consiguen penetrar lo suficiente en el cuerpo, impidiendo así “tocar” órganos sensibles. A veces son otros los factores los que impenden al proyectil la suficiente penetración, por ejemplo la indumentaria de quien recibe el impacto, o algún objeto interpuesto, deliberadamente o accidentalmente, en el instante del disparo. Lo anterior provocaría una deformación “prematura” del proyectil, frenándose la capacidad penetrante una llegado el proyectil al cuerpo humano.

En todo esto, un factor muy importante a tener en cuenta es la ingesta de drogas y alcohol. Una persona que ha consumido determinadas sustancias podría tener un umbral de sensibilidad al dolor muy diferente al de otra persona que no se encuentra bajo las influencias de esas mismas sustancias. En esos casos, las heridas producidas a quien se haya bajo la influencia de sustancias estupefacientes o alcohólicas, quizás no le provoquen dolor y paralización, lo contrario podría pasar a quien no ha ingerido sustancia alguna.

miércoles, 26 de enero de 2011

CONTIÚA LA PROLIFERACIÓN DE LOS GRUPOS OPERATIVOS EN LAS POLICÍAS LOCALES

Europasur-26.01.2011

El nuevo grupo operativo de la Policía recoge las demandas vecinales

Los agentes mantendrán reuniones con las asociaciones de todo el término municipal

El nuevo Grupo Operativo de Apoyo y Prevención (GOAP) de la Policía Local será presentado hoy a los colectivos vecinales de la localidad. Se trata de un grupo de actuación formado por cuatro agentes para mantener una especial atención sobre demandas básicas en materias como seguridad vial o lucha contra la droga, destacando la importancia tanto de la acción directa como de la formación y concienciación de los ciudadanos...

Noticia completa en:

Así se demuestra que cada vez son mas necesarios los cambios dentro de los Cuerpos de las Policías Locales que ayuden a mejorar y a adecuar el servicio policial a las demandas de los ciudadanos y a los cambios sociales que suscitan en estos tiempos que corren. Es por ello, que cada vez se hace mas necesaria la creación de grupos especializados y con una especial dedicación dentro de las Policías Locales, que puedan hacer frente a la auténtica realidad que en materia de seguridad padecemos en nuestras ciudades.

Desde este blog queremos mandar nuestra mas enérgica felicitación por esta importante iniciativa que han asumido estos cuatro profesionales, que me consta por desgracia, que están padeciendo, al igual que nos ocurrió en la creación del GOIP, los improperios, descalificaciones, insultos, y todo tipo de falsedades, por el único hecho de querer trabajar.

Me consta por mi propia experiencia, que estos comentarios no pueden salir de nadie mas que de quien no sabe apreciar la profesionalidad que algunos desbordan, asumiendo sin que nadie los obligue a ello, a cumplir fielmente con sus obligaciones como servidores públicos, y en definitiva, a comprometerse con la sociedad para mejorar ese servicio. A esto último que hemos mencionado, hay que incluirle un importante plus de honestidad, honradez y compromiso ya que es sabidos por todos, los difíciles momentos económicos por los que están pasando los compañeros del ayuntamiento de Los Barrios. Aun así, siguen con el mismo, o aun mas entusiasmo que nunca.
Por último quería decir que tenéis lo mas importante y necesario para que vuestro proyecto de sus frutos, LA ILUSIÓN Y LAS GANAS DE CUMPLIR CON VUESTRO DEBER, con esto os puedo asegurar que el existo en vuestro trabajo está garantizado.
Y a aquellos flojos, envidiosos y sanguijuelas de la administración, decirles que sigan haciendo lo único que por desgracia saben hacer, PONERSE EL UNIFORME Y COBRAR, que del trabajo ya se encargan LOS AUTÉNTICOS POLICÍAS.

BIENVENIDOS COMPAÑEROS Y AQUÍ TENÉIS VUESTRA CASA.

Mas información sobre grupos operativos especiales de las Policías Locales
http://policialocal.wordpress.com/category/grupos-especiales-policia-local/

GOIP

martes, 25 de enero de 2011

LOS CINCO NIVELES DE PERICIA EN MANEJO PROFESIONAL DE LAS ARMAS

Por: Ernesto Pérez Vera

Muchos Profesores del Tiro Policial, de todo el mundo, usan la clasificación de niveles de competencia y pericia en el manejo de armas que seguidamente detallaré. Aún internacionalmente muy extendida entre los profesionales de la enseñanza del tiro y la táctica policial, nadie es capaz de confirmar, con garantía, cuando, donde y quien creo tal división de niveles de capacidad profesional. En cualquier caso, creo que todos convendrán conmigo en que, la clasificación, es ingeniosa, didáctica y extremadamente acertada.

Lean y juzguen
Primer Nivel: INTENCIONALMENTE INCOMPETENTE (I.I.)
Aunque parezca mentira, estos, los I.I.s, son aquellos que están obligados a llevar armas. Son los que las portan por obligación imperiosa de la LEY. Estos, además, conocen perfectamente sus nulas habilidades, pero pese a ello se niegan -cerrándose en banda- a mejorar su pericia. El I.I., por vaguedad y miedo al ridículo, no participa de los entrenamientos de su unidad o plantilla –sabe de su torpeza en la materia-

Las páginas de los periódicos están llenas de noticias protagonizadas por sujetos de este perfil. Por desgracia, los I.I.s., con demasiada frecuencia, provocan accidentes que acaban con las vidas de vecinos, familiares, compañeros o con sus propias vidas. Por regla general, y aún siendo obligados a acudir a las tiradas reglamentarias, no se sacará nada positivo de ellos. Gastaremos tiempo, munición y esfuerzos, para nada.
Segundo Nivel: DESCONOCEDOR DE SU INCOMPETENCIA (D.I.)
El D.I. no sabe que no sabe. Es incompetente porque aún no sabe que es un Incompetente. Normalmente, estos sujetos han sido entrenados o formados de modo muy básico, a veces ni eso. Los profesionales de este perfil, seguramente, nunca se han visto en una situación real que les haya dejado al “descubierto” sus carencias. Sin embargo, conozco casos de D.I. que ante una situación real se han sentido, y se han sabido, NO PREPARADOS. Pese a todo, han preferido gastar su tiempo en cualquier cosa antes de asumir que requerían de formación “extra”. Me atrevo a decir que dentro de este perfil es donde más profesionales de las Fuerzas de Seguridad se encuentran.

Son Desconocedores de su Incompetencia aquellos que solo acuden a los ejercicios de tiro reglamentarios en su institución policial, pero lo hacen sin interés alguno. Estos mismos dan por buena y sobrada esa formación o entrenamiento periódico –demasiadas veces, muy periódico-

La mayor parte de los que están dentro del perfil D.I., se dan cuenta de sus lagunas y paupérrimas habilidades en los peores momentos. A veces es demasiado tarde: descubren sus miserias cuando ya han sido agredidos de modo grave con armas de fuego u otros instrumentos. La mayoría nunca lo descubrirá.

Tercer Nivel: El CONSCIENTEMENTE INCOMPETENTE (C.I.)
Si el Desconocedor de su Incompetencia sobrevive a su primer encuentro armado, o es testigo próximo de algo similar en la persona de un compañero, se convertirá en un Conscientemente Incompetente –ahora, sabe que NO SABE-. Seguramente, tan pronto tenga tiempo, buscará ayuda formativa. Ha despertado y “le ha visto las orejas al lobo”. Ahora ha salido de las cavernas “de Platón”, y además por la puerta grande. Ahora sabe algo más: no quiere que vuelva a ocurrir. ¡Desde ya¡ se convierte en un tipo con interés por el tiro y el manejo del arma. Atenderá las explicaciones y lecciones de los instructores, y estará motivado. Ahora no criticará a los que se entrenaban mientras él no lo hacía. Ahora, quiere alcanzar cierto grado de pericia.

Cuarto Nivel: El CONSCIENTEMENTE COMPETENTE (C.C.)
Con la filosofía adecuada del entrenamiento, y con interés por parte del alumno, el C.I. se convierte en un C.C. El Conscientemente Competente llegará a manejar su arma con habilidad y seguridad, solventará interrupciones y desenfundará con celeridad ante la señal del instructor. Llegará a entender que su disparo debe impactar en el blanco que él quiere impactar, pues de no ser así, dará donde no quiere impactar, y ello puede provocar lesiones o daños innecesarios. Un riesgo muy alto que nunca se debe correr. Nosotros somos lo “buenos”, es el “malo” el que, por serlo, se puede permitir cualquier cosa.

El C.C. conoce las posiciones de tiro. Conoce variadas técnicas defensivas para usar en determinados supuestos y se siente cómodo en la galería aún cuando se le instruye bajo presión. Pero pese a todo eso, todavía no reacciona de modo instintivo ante situaciones extremas.

Quinto Nivel: El INCONSCIENTEMENTE COMPETENTE (I.C.)
El I.C. es el menos común de los perfiles. Este perfil se puede denominar como: de Maestría. No es fácil encontrar a muchos Inconscientemente Competentes en una misma plantilla. El I.C., tras muchas horas de entrenamiento, miles de disparos, años y años de repetición de ejercicios, maniobras y manipulaciones con su arma, ante el indicio de un ataque es capaz de reaccionar instintivamente y salir de la línea de tiro de su potencial agresor. Sabrá cubrirse de modo eficaz, y a la par que sale de la línea de tiro de su atacante, será capaz de desenfundar y dirigir su arma hacia él.

El I.C. también ha preparado su mente -no solo su cuerpo y equipo- para el enfrentamiento a vida o muerte. Ha reflexionado mil veces sobre la posibilidad de tener que usar su arma contra otra persona que pudiera tratar de quitarle la vida. Ante esa reflexión, asume que llegado el caso…lo hará: disparará contra quien tenga que hacerlo –siempre con la estricta observancia de lo que el Ordenamiento Jurídico establece respecto al empleo de armas y la legítima defensa-
El Inconscientemente Competente es ese que ante una interrupción de su arma, y tan pronto ésta se produce, consigue resolverla y devolver el arma a situación de fuego eficaz; y todo en décimas de segundos.

CONCLUYENDO
Estoy seguro de que todos los que están ahora leyendo este artículo conocen a compañeros que podrían perfectamente encajar en todos los niveles que se han descrito, ¿verdad que sí?. También estoy seguro de que la mayoría de esos compañeros “identificados” como integrantes de alguno de estos niveles, encajan en los perfiles de los niveles 1º, 2º y 3º.

Llegados a esa conclusión: les insto a ustedes a que participen de algún modo en mejorar las capacidades de sus semejantes más próximos. Traten de hacerles entender que deben tomarse más enserio esta materia. Intente hacer llegar este artículo a esos compañeros. Puede que algún día, tanto ustedes como ellos, se sientan mejor sabiendo que al menos se intentó…

Además de a sus compañeros, trasladen este texto, o su filosofía, a sus mandos o responsables políticos y sindicales, pues ellos, más que nadie, son los responsables de los “estancamientos”. Recuérdenles que la Administración está obligada a formar de modo continuo y permanente a los funcionarios, y que esta materia, la de tiro y armamento, no pica, no provoca ronchas, no contagia enfermedades, todo lo contrario.

De una mala formación se deriva una mala praxis, y de ella se pueden derivar daños y lesiones propias y ajenas, y a veces muertes innecesarias. De esas muertes, después, no solo el funcionario deberá responder ante la Justicia, sino que la propia Administración también tendrá que hacerlo en muchos casos.

Esta ingeniosa clasificación que acabamos de conocer, está basada en la programación neurolingüística (PNL), que es el estudio de los procesos mentales con el fin de obtener un modelo formal y dinámico de cómo funciona la mente y la percepción humana. La PNL intenta definir patrones directos sobre la conducta humana relacionados con el lenguaje. La programación neurolingüística tiene sus orígenes en las investigaciones publicadas en 1973 por Richard Bandler y John Grinder.

Bandler estudió psicología, matemáticas e informática en la Universidad de California, culminando sus estudios en esta universidad en 1973. Y Grinder, además de ser especialista en lingüística inglesa, por la Universidad de California, cursó estudios de psicología en la Universidad de San Francisco. Durante la guerra fría fue Capitán de operaciones especiales del Ejército norteamericano, estando destinado siempre en Europa. También, en esa época, ingresó en la CIA.■

Periódico ARMAS de agosto/septiembre de 2010

sábado, 8 de enero de 2011

CRÓNICAS DEL NORTE: el día en el que el tabaco me salvó la vida

Con este relato de aires novelescos, pero de hechos ciertos y reales, abro una serie de episodios vividos y narrados por un amigo. Como comprobareis, o mejor dicho deduciréis, mi amigo peina canas, muchas canas…

Disfruten de la calidad narrativa y la experiencia de Víctor.

CRÓNICAS DEL NORTE: el día en el que el tabaco me salvó la vida
No fuméis; está demostrado que el tabaco mata o, en el mejor de los casos, acorta la vida. Paradójicamente a mí me la salvó.

En abril de 1976 el panorama estaba muy tenso. Los miembros del pequeño grupo antiterrorista de Guipúzcoa, el AT (grupo antiterrorista), conocíamos perfectamente la infraestructura y el pensamiento de ETA tras la caída, durante el Estado de Excepción de 1975, de Miguel Goiburu Mendizábal, alias “Goyerri” y “Pelotas”, junto al “Rubio”, Miguel Gardoqui Azpiroz, que resultó muerto en el enfrentamiento y que estaba casado con Mercedes Alcorta, incluida en el sumario por el atentado al Presidente de Gobierno Carrero Blanco.

Habíamos mitificado a Mendizábal, al “Pelotas”, por lo que al tenerlo delante nos defraudó. Era bajo (creíamos que era casi un gigante), y fofo.

Durante la detención había resultado herido en el brazo derecho, cuatro dedos por debajo del hombro. Un disparo de entrada y salida sin consecuencias graves. En ese servicio resultó herido en una pierna, y en el dedo índice de la mano derecha, nuestro compañero Carretero. A su caída, Mendizábal era el segundo responsable de la organización terrorista y su información fue de vital importancia en aquel momento.

Nunca he vuelto a conocer a un marxista–leninista tan bien estructurado en su pensamiento. Quizás por el llamado “Síndrome de Estocolmo”, había días que, tras interrogarle, regresaba a casa replanteándome sus argumentos y pensando que quizás el equivocado era yo. Naturalmente no me refiero a ETA.

Mendizábal decía, en aquellas ya lejanas fechas, que los separatistas vascos estaban equivocados con ellos. Que no eran los “gudaris” que aquellos esperaban para la “liberación” de Euskalerría; que en la lucha internacional marxista sólo pretendían la independencia de Euskadi como plataforma para la conquista definitiva del Estado Español. Y yo era un joven de veintiséis años en canal…

Aquella mañana de primavera salí de casa, (estaba casado y tenía dos hijos) del portal número 10 de Isabel II, y crucé la Avenida de Madrid buscando la parada de taxis que quedaba enfrente. Como casi siempre, iba tarde, (siempre me ha gustado trasnochar por diferentes motivos, entre ellos escribir) y aunque la distancia era mínima nunca me ha gustado caminar deprisa.

Al abrir la puerta, el taxista bajó la bandera y cuando ya me iba a sentar en el asiento trasero recordé que no tenía tabaco. Le dije al taxista que esperara un momento y me di la vuelta de forma rápida, ya que a mis espaldas había un bar donde comparaba Winston de contrabando, más fresco y mejor que el de Tabacalera.

Al darme la vuelta me los encontré de frente. Eran dos individuos algo mayores que yo. Nunca podré olvidar aquellos ojos de desconcierto, muy abiertos, que no se apartaban de los míos. Pese a ser un bonito día de primavera llevaban “tres cuartos” oscuros, hasta las rodillas, y el de mi izquierda tenía la mano metida entre la solapa, y en gesto característico de desenfundar. En una fracción de segundo me hice cargo de la situación y un escalofrío recorrió mi espalda: ¡Iban a por mí!

Afortunadamente la práctica de tiro era mi pasión. Había ganado, años antes, el campeonato de Guipúzcoa y estaba mental y físicamente preparado gracias a Guillermo, mi gran Maestro.

Siempre que recuerdo aquel momento la imagen aparece como “congelada”, lenta. Instantes de vacilación por parte de ellos; yo inicio el desenfunde del revólver, un 357 Mag. y amartillo encañonándoles, ellos hacen un respingo a mi derecha y salen corriendo hacia el cruce con Isabel II, unos cincuenta metros, donde les está esperando un Seat 127 color beige con la puerta trasera abierta. Tengo tiempo de apuntar y de hecho lo hago, pero la acera está concurrida a esas primeras horas de la mañana. Desamartillo mientras veo como se meten en el coche y éste emprende la marcha a toda velocidad, con la puerta trasera aún abierta, hacía Loyola. Guardé el revólver, entré en el bar y pedí la cajetilla de cigarrillos. Entré en el taxi y pedí al taxista que me llevase a Comisaría.

Le conté a D. Manuel Ballesteros, a la sazón Comisario Jefe de Guipúzcoa, lo que me había pasado, solicitando mi urgente traslado. Luego a los compañeros del Grupo.

A los quince días de haber llegado a la nueva plantilla me llamaron desde Donostia. El comando había caído; uno muerto y el otro detenido y, para mi sorpresa, el informador había sido el sobrino de la dueña del bar donde compraba el tabaco, el mismo que luego, recordando, me dio muy nervioso aquella mañana la cajetilla de tabaco.

Tengo 60 años y sigo fumando. En eso no sigáis mi ejemplo, pues acabará matándome, aunque me haya prolongado la vida 34 años.

VÍCTOR

sábado, 1 de enero de 2011

Si te quedas atrás, y nunca te implicas, siempre serás lo mismo: un listo muy...

A través de la prensa hemos sabido que, en tu ciudad, agentes uniformados de un cuerpo policial del Estado han sido víctima del ataque de varios sujetos. Según parece, los funcionarios trataban de mediar en una riña familiar en la que se estaba haciendo ostentación de armas blancas, y demás objetos peligrosos. Los agentes fueron recibidos a pedradas, y alguno incluso fue amenazado con un arma punzante. Como resultado, algunos agentes recibieron golpes que les produjeron lesiones, y los cristales de un coche oficial fueron fracturados.

Y digo yo: vaya, un acto incívico y delictivo contra unos funcionarios públicos que NO escurrieron el bulto cuando el deber los demandó. Me alegro de que aún existan algunos. Espero que ya estén detenidos e imputados todos los participantes en la algarada. En este caso, ha sido una patrulla de ese cuerpo del Estado la que ha tenido que sufrir el envite de unos seres despreciables, que seguro sobran en la sociedad. Según se rumorea, hasta ostentación de armas largas, por parte de la policía, se tuvo que hacer, y lo veo proporcionado. Pero por desgracia, esos hechos se repiten con cierta frecuencia en tu ciudad -en otros tiempos fue más habitual- pero no siempre con los funcionarios dependientes del Gobierno de la Nación como víctimas protagonistas.

Verás. Contra la Policía Local de tu ciudad se consumieron, y aún se hace, litros de tinta destructiva, y todo porque hace una década (ahora se cumple ese periodo) comenzó a cumplir, con ganas, interés y autoridad –lo que jamás había mostrado hasta entonces-, con sus obligaciones. Por ende, el cuerpo local empezó a hacer cumplir la Ley a los ciudadanos infractores, tanto en temas graves como leves. Algo tan sencillo como no escurrir el bulto, derivó en infinitos incidentes como el expresado arriba, y peores. Desde esas fecha, y hasta hace poco, ese cuerpo de P.L. ha estado presente, y con compromiso, allá donde el delito demandaba su presencia –de un tiempo a esta parte, otros son los ánimos de gran parte de la plantilla. Y en algún caso, justificación hay- De esos incidentes, se derivaron detenciones y lesiones propias e impropias.

Los críticos, ignorantes unos e interesados otros, decían que la P.L. no sabía hacer su trabajo. ¡Qué rápidos fueron algunos con la lengua y la pluma!

En tu ciudad jamás se utilizó, por ejemplo, el casco de protección en los vehículos de dos ruedas. Miles de ciudadanos conducían careciendo de Permiso de Conducción y/o Seguro de Automóvil. Eso pasó a la historia. Ahora las incidencias de esa índole son muy bajas, en cualquier caso, mucho más bajas que la media de cualquier ciudad española. Para que aquello quedara en el pasado, muchos "palos" dieron, (uso legítimo de la fuerza), y recibieron los agentes de la Policía Local tu ciudad.

Por interponer una sencilla denuncia administrativa, familias enteras tuvieron que ser detenidas. Los padres impedían, a la fuerza y con violencia, que sus hijos fuesen denunciados. Cuando no eran padres, otros eran los grados de parentesco que, de modo antijurídico, impedían la acción policial contra sus parientes o amigos. Pero de los cuerpos de P.L. no solo se debe y puede esperar y demandar actuaciones policiales en materia de tráfico de vehículos y de circulación. Servicios en el orden de la seguridad ciudadana y orden público son exigibles, por Ley, a los funcionarios locales.

Aún recuerdo la entrevista mantenida, allá por 2002, en tu ciudad, con quien mandaba en un cuerpo estatal. El encuentro se produjo cuando agentes de la P.L. procedieron a la detención de varios miembros de un clan familiar dedicado, durante décadas, al tráfico de heroína y cocaína. Aquel Gran Jefe no valoró positivamente que los funcionarios locales sorprendieran, aún vistiendo uniforme, una venta de varias papelinas de cocaína; tampoco vio con buenos ojos que consiguieran identificar al comprador e incautar la sustancia intercambiada. Que va, eso le pareció aberrante. Dijo que eso es cosa de las unidades especializadas en la persecución de esos delitos. Vamos, que tácitamente dijo que los PP.LL. debieron dejar que la droga corriera por las calles y por sus rostros, sin perseguirla, aún cuando nadie estaba investigando, in situ, el asunto. Tampoco valoró positivamente que, una vez detenida la vendedora, tras la venta detectada, fuera hallada, entre sus ropas, una bolsa con otras 16 papelinas monodosis de cocaína.

Lo único que le preocupaba a ese señor era que, como la detención se efectuó, -porque allí haberse cometido el delito in fraganti- en la puerta de acceso a la vivienda del traficante, muchos familiares del detenida trataran de impedir la detención policial. Como fruto de todo aquello, vecinos y familiares, como en el caso comentado al inicio del texto, apedrearon y agredieron a los funcionarios locales. Lógico, si son seres despreciables que venden drogas de todo tipo, y usan armas, no iban a dejar que se llevasen a uno de los suyos.

De aquel ataque a los funcionarios, se derivaron lesionados y daños por ambas partes. Algún cristal fue fracturado en los vehículos policiales, y lesiones leves fueron producidas a dos agentes. Por parte de los delincuentes también se sufrieron lesiones. Ese era el problema según el Jefe “estatal”: “como los PP.LL. no saben actuar…pues 50 personas exaltadas les rompieron el coche a los 4 funcionarios intervinientes…” Seguramente él, con otros tres de los suyos, hubiera controlado a los 50, hubiera detenido e incautado, y no hubiera sufrido lesiones ni daños. Un genio.

Tremendos comentarios tuvimos que oír en esa entrevista (yo no estaba solo): proponía que la P.L., aún siendo agentes de la autoridad (como establece la L.O. 2/86 para todos los integrantes de las FYCS), no interviniera en asuntos de drogas en la ciudad. Hombre, eso sería lo lógico si ya estuviera actuando, “ahí, y ahora” (un servicio concreto que ya está llevando otra unidad) otro cuerpo, y sobre todo si los que ya están el “tajo” son de una unidad especializada. Pero si nadie más está en el lugar, y es detectado el delito,… ¿deberían los PP.LL dejarlo ir…? Pues sí, eso proponía ese señor: que los PP.LL cometieran Delito de Omisión del Deber de Perseguir Delitos. ¡Ahí es nada! Llegó a insinuar que el atestado contenía falsedades, pues decía NO constar, a nadie, que esa familia tuviese conexiones con las drogas... ¡Cuanta maldad!

¿Qué le molestaría a ese señor…? ¿Sería que los suyos nunca habían pillado a ese clan, hasta ese momento, y menos aún in fraganti y vistiendo uniforme?

Pero bueno, todo llega. El clan entero, -al menos los detenidos, que fueron varios- fue condenado a penas de prisión. Unos por delito contra la salud pública (tráfico de drogas) y otros por delitos de resistencia y/o atentado (acciones violentas durante la detención de la persona que traficaba). Es curioso, años después, las mismas personas encartadas en la acción de la P.L., fueron todos imputados por los mismos delitos, y esa vez sí fueron lo “chicos” de ese Jefe los que los detuvieron. Eso sí, no fue nada in fraganti, sino un buen trabajo de muchos meses. Pero para evitar lo que a los otros les ocurrió, fueron a realizar las detenciones al menos 20 funcionarios dotados de todo tipo de medios. Yo aplaudí esa segunda actuación contra el clan, pero me voy a permitir valorar, como más difícil y exitosa, (también más barata) aquella in fraganti que realizó la P.L. tu pueblo, con nada más que dos coches patrulla. Sin medios, sin apoyos, y vistiendo uniforme, consiguieron las mismas condenas que, años después, otros obtuvieron con medios y apoyos.

En fin, quizá el que no sabía trabajar, al menos en esos lugares, era el que tanta “punta sacaba al lápiz”.